Si Anaxágoras no hubiera divulgado, la gran verdad enseñada en los
misterios , de que el Sol era más grande que el Peloponeso , no lo hubieran
perseguido para matarle. Si aquella gente levantada contra Pitágoras, hubiese
comprendido lo que el filósofo quiso dar a entender, al decir que se
acordaba de haber sido el "Hijo de Mercurio" "dios de la
sabiduría secreta" "mensajero de los dioses", no se hubiera
visto el filósofo de Crotona obligado
a huir para salvarse.
Tampoco Sócrates hubiera sido condenado a muerte, si hubiera guardado
secretas las revelaciones de su divino Daimón.
Algunos de los motivos para este sigilo sería, tal vez : La ley
fundamental, y clave maestra de la teurgia práctica, lo que los neoplatónicos griegos llamaron
"Teofanía".
En su significado más general, " es la comunicación entre los
Dioses (o Dios) y aquellos iniciados espiritualmente capaces de semejante
interloquio".
Pero esotéricamente significa mucho más, significa la encarnación, por
decirlo así, del Ser supremo, de la Deidad Personal, en el hombre, su
representante o agente en la Tierra.
Por ley general, el Dios Supremo, la Super Alma del ser humano, tan solo cobija al individuo, durante la vida mortal, con objeto de darle revelaciones y enseñanzas, siendo lo que los católicos llaman " Ángel de la Guarda " que a " nuestro lado nos vigila ", pero en el caso del misterio teofánico, esta Super Alma encarna plenamente en el Teurgo para realizar alguna revelación.
Cuando la encarnación es temporánea, dura muy poco tan sublime estado,
que se llama "Éxtasis " , definido por Plotino como "
liberación de la mente de su conciencia finita, para identificarse con lo
infinito "
El Alma humana, brote y emanación de su Dios, realiza en tal estado, la
unión del "Padre y el Hijo"
El Ocultismo o Teurgia, enseña el modo de realizar esta Unión.
Pero sólo las acciones y personales merecimientos del hombre, pueden
producirla sobre la tierra o determinar su duración.
En ese intervalo, el teurgo o teófano , es él mismo, ese
"Dios" protector, dotado durante ese tiempo, por lo tanto, de
relativa omnisciencia y omnipotencia.
Difícil ha sido, y es comprender correctamente los actos de " la
Teofanía , o aparición real de Dios al hombre," la Teopatía" ,o
asimilación de la naturaleza divina, y" la Teopneustía" , o
facultad de oír las enseñanzas orales
de Dios .
Aquellos menos perfectos, consiguen tan sólo , parcial e indistinta
memoria; y el principiante en el primer período de sus experiencias
psíquicas, tiene que afrontar confusión, seguida de un rápido y completo
olvido, de los misterios vistos, durante su estado superhipnótico.
Al volver al estado de vigilia física, el grado de recuerdo, depende de
su purificación psíquica y espiritual, pues el mayor enemigo de la memoria
superior, es el cerebro físico, el órgano de la naturaleza sensual y afectiva
del hombre.
Este es uno de los varios misterios de la existencia y de la
encarnación.
Nadie estudiará provechosamente, las ciencias ocultas, a menos que se
entregue a ellas, en cuerpo, corazón y alma.
Algunas de sus verdades, son demasiado terribles y peligrosas, para las mentes mediocres.
El éxtasis y diversas clases de autoiluminación, puede, y debe alcanzarlos uno mismo, sin necesidad
de iniciador o maestro ,porque al éxtasis se llega mediante el interno
imperio y dominio del Yo sobre el ego físico, mientras que para adquirir
mando sobre las fuerzas de la naturaleza, se necesita larga práctica, o ser
" mago de nacimiento.
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Así pues , a los que carecen de ambas cualidades, se les aconseja
insistentemente, que se limiten al desenvolvimiento espiritual .
La idea del Dios interior, palpita en el enmarañado y tosco estilo del
Codex Nazareno o ( Libro de Adam ), en el grandilocuente y neoplatónico
Evangelio de San Juan, en los antiquísimos Vedas, en el Avesta , en el
Abhidharma , en el Sankhya de Kapila, y en el Bhagavad Gitâ .
No es posible alcanzar el Adeptado y el Nirvana, la felicidad y el
reino de los cielos, sin unirnos idisolublemente a nuestro Rey de la Luz, el
inmortal Dios que está en nosotros.
Primero es preciso reconocer en nuestro interior el inmortal Principio,
y después únicamente se puede conquistar, el reino de los cielos, por la
violencia.
Esta proeza espiritual, solo puede lograrla el hombre superior, El Padre, pues no la puede conseguir el hombre inferior de polvo , ni el hijo, el alma, sin auxilio del Padre.
Para lograr el éxito, tiene uno que identificarse , con su propio Padre divino. Todas las naciones antiguas, comprendieron perfectamente, el mandato del Oráculo de Delfos
" Hombre conócete a ti mismo " El hombre debe saber quién fue , antes de saber lo que es.
El primer hombre es de la tierra, terreno, el segundo hombre ( el
interno, el más elevado) es el Señor del Cielo...He aquí, os digo un
misterio". ( I
Corintios , XV , 47 , 51. )
Para entender este significado, hay que conocer bien el tema de la
Reencarnación y sus misterios. Hay Cristianos que dicen no creer en la reencarnación, seguramente no
han reflexionado lo suficiente, sobre la pregunta "¿ Eres tú Elías?
" que al Bautista dirigieron los sacerdotes y levitas en San Juan 1ª ,
22. El Cristo enseñó a sus discípulos, esa gran verdad de la Filosofía
Esotérica, pero si los Apóstoles la comprendieron, parece que nadie más ha
desentrañado su recto sentido. Ni aún Nicodemo, que a las palabras de Jesús, " A
menos que el hombre, sea nacido de nuevo, no verá el reino de los cielos
" San Juan III Y sigue Jesús diciéndole a Nicodemo " ¿Eres Maestro en Israel, y
no sabes estas cosas ?" Pues nadie tiene derecho a llamarse " maestro" o instructor,
si no ha sido iniciado en los misterios del renacimiento espiritual por el
agua, el fuego y el espíritu, y en el renacimiento en la carne.( Esto no puede referirse al bautismo cristiano,
porque en tiempo de Nicodemo, no se practicaba esta ceremonia sacramental.) Pero la parábola más sugestiva de Cristo, su más concluyente
"sentencia enigmática", sobre Karma y Reencarnación, es la que dio
a sus Apóstoles, sobre el hombre ciego: "Maestro, ¿ Quién pecó, éste o sus padres, para haber nacido
ciego? "Ni este hombre ( el físico, el ciego) pecó, ni sus padres, mas
las obras de (su) Dios, es preciso, se manifiesten en él" .San Juan IX,
2 y 3. El hombre es sólo el " tabernáculo ", la " casa
" de su Dios, y por lo tanto no es el templo sino su Morador, quién pecó
en una encarnación anterior, y trajo en consecuencia, el karma de ceguera, en
el nuevo cuerpo físico.