(continúa artículo de la pag. anterior, firmado por Doris Suchecki)

Cultura-sistema de creencias-equipo asistencial

Como ya he señalado, es en el mundo de las conversaciones, en el intercambio de palabras, emociones y acciones, donde se generan y negocian las creencias con respecto a la salud, a la enfermedad, a la familia, al poder, a los valores y a todo tipo de definiciones, que normalizan y dan un determinado perfil a cada grupo económico-socio-etno-cultural. Cada cultura tiene rituales para señalar pérdidas importantes, para manejar el dolor de los sobrevivientes y para facilitar la continuación de la vida después de tal pérdida. Aparecen entonces, diferencias significativas en las definiciones que se dan acerca de la enfermedad y la muerte. En cuáles son las obligaciones de la comunidad para acompañar-ayudar al enfermo/muriente y su familia. En qué constituye una familia, cuál es la responsabilidad de la familia en el cuidado de sus miembros enfermos, quién y cómo se lo atiende. Cuáles son las expectativas frente al tratamiento, al dolor y al sufrimiento. Cómo debieran ser las manifestaciones de dolor o quejas, cuánto debiera durar el duelo.

Por ejemplo, los enfermos de origen italiano o judío tienden a quejarse de sus síntomas y a describirlos en detalle, mientras que los enfermos de origen anglosajón protestantes tienden a no quejarse, a negar o encubrir estoicamente las dolencias. El tener conocimiento de estas tendencias diferenciadas dentro de los grupos étnicos y económico-socio-culturales, invita a relativizar nuestros propios valores acerca de cómo, cuánto, y dónde el paciente y su familia, y otros significativos debiesen quejarse o sufrir.

El objetivo del equipo asistencial es el logro de una muerte digna. Para ello se asiste a cada enfermo en cuatro niveles: el nivel físico, el nivel emocional, el nivel intelectual y el nivel espiritual.
El paciente terminal necesita ayuda para aliviar su dolor, la información justa para romper las fantasías negativas y enfrentar los miedos; afecto de quienes están cerca de él y también algo espiritual que lo contenga y ayude en el tránsito hacia no sabemos qué. Asistir es contener afectivamente y colaborar en el bloqueo de situaciones y conductas que mantengan o incrementen el sufrimiento. Informar para que el paciente y la familia puedan evaluar y tomar decisiones acerca del tratamiento adecuado, y/o para morir. 

En nuestro tiempo, en nuestras sociedades, el sufrimiento físico se ha vuelto psicológicamente intolerable; la agonía se ha vuelto "inhumana". Lo moralmente digno ya no es el deber de vivir y de aceptar el dolor, es el deber del médico de abreviar los sufrimientos y respetar la voluntad de sus pacientes. Los pacientes necesitan que sus médicos les digan cuál es su posibilidad de vida. No todos los médicos quieren hablar ni todos saben cómo hacerlo. La ciencia médica no es una ciencia exacta, no hay certeza, hay probabilidades. Por eso es importante manejar la información con cautela. Un buen cirujano quizá no pueda lograr una conversación fluida con su paciente, pero alguien de su equipo tiene que poder suplir la carencia.

Lo que se intenta es que el enfermo recupere su autonomía ejerciendo la capacidad de elegir con libertad. Esta elección depende del conocimiento que tiene el enfermo de la enfermedad y los posibles riesgos y beneficios del tratamiento que está evaluando. El conocer los riesgos también le permite pensar y elegir en dónde morir, así como reordenar sus lazos familiares en los aspectos afectivos, económicos y sucesorios. De esta manera, el enfermo tiene la oportunidad de saldar deudas y de despedirse de quienes no estuvieran cerca por problemas de distancia real o afectiva.

Recordemos que el factor tiempo es desencadenante de acciones. El tener en cuenta una tipología de enfermedades psicosociales nos permite preparar a la familia, a la persona enferma, y a nosotros mismos en los complejos desafíos y crisis que provocan la enfermedad y la muerte. ¿Cuáles son las características de la enfermedad que padece el paciente en cuestión? ¿Cuál es la probable evolución?

Propongo este conocido esquema a modo de recordatorio:
Aparición: aguda o gradual.
Su trayectoria: progresiva, constante. o episódica.
Su desenlace: progresivo (de cronicidad y deterioro en corto tiempo, en tiempo largo, o muerte súbita) o sorpresivo.
Su posibilidad de incapacitar: ninguna, suave, moderada o severa: a nivel cognoscitivo, cinético o sensorial.

La aparición de una enfermedad o una muerte súbita, implica una ruptura en el equilibrio del afectado y su entorno.
Esto provoca el estrés.
El estrés a su vez provoca una crisis que si la persona y la familia son capaces de usar recursos existentes y definir la situación de tal manera que acompañen el cambio que se produce dentro del sistema familiar y social será una crisis para el crecimiento. La crisis se presenta cuando algún elemento presiona el sistema pidiendo cambio fuera del repertorio usual de ese sistema.

Crisis de acuerdo con el diccionario Webster es: "Un estado de cosas entre las cuales de una u otra manera es inminente un cambio decisivo".
A pesar que la definición de crisis en Occidente, no menciona como lo hacen los chinos la palabra "oportunidad", en nuestra cultura es muy común considerarla como algo que debe ser evitado, pero es imposible lograr cambios sin crisis.

El vocablo chino "wei-ji", que significa "crisis", es una combinación de los caracteres correspondientes a peligro y oportunidad.
Es evidente que toda crisis genera anticuerpos, la persona o grupo que está en crisis como cualquier especie en peligro de extinción apela a anticuerpos para sobrevivir. Pero también la crisis en sí, como ente independiente, obedece a ese mandato de supervivencia y lucha por no desaparecer.

Cuando alguien entra en estado de crisis, generalmente debe actuar como un nadador experto frente a una corriente que le impide acercarse a la costa.

Enfrentar la corriente es suicida, las fuerzas se agotan inútilmente y la diagonal salvadora surge de la convicción de que el camino directo para llegar a la costa no existe más. Cuando el nadador llega a esa convicción, ya se ha salvado. Tal vez necesite dejarse llevar por la corriente durante un rato para recuperar las fuerzas y sólo después negociar con las circunstancias.

Las crisis son oportunidades para la creatividad, la reparación y el crecimiento. Las personas luchan por darle un nuevo significado a la situación. Cuando son capaces de redefinir la situación como un "desafío", una "oportunidad de crecer", o dotar a la crisis con un significado particular, tal como "creer que es lo mejor para todos", las situaciones críticas se convierten en fuentes de aprendizaje. El hecho de no minimizar ni negar la realidad de la situación facilita el desenvolvimiento de ajuste y adaptación exitosas.

Es común el pensar que el presente es consecuencia del pasado. Cuando en realidad todo empieza ahora y acá. Lo que llamamos pasado es la estela del presente visto con los manipuladores ojos de la memoria. Incluso esa manipulación que estamos haciendo ahora y acá, la hacemos combinando elementos que si fueran combinados en otra forma serían otro pasado.

El fabricar el pasado, es como las palabras que nosotros colocamos en un orden determinado sobre el papel para ser leídas cuando terminemos de escribirlas. Por lo tanto, lo que estamos haciendo es también fabricar futuro. Las crisis son las grandes fábricas de futuro, pensamos aceptar que ese pasado lo estamos fabricando nosotros en el presente, la situación cambia totalmente. Y esa realidad, construida desde el desafío de nuevos aprendizajes, tal vez sea una plataforma de lanzamiento para elevarnos quién sabe a donde.

Los tanatoterapeutas trabajamos dentro de la ambivalencia entre intimidad y diferenciación, y su manejo es una cuestión de dosis y prudencia. Muchas veces nos sentimos agraviados por las presentaciones de impotencia del enfermo, quien ubica demandas excesivas en nuestra capacidad.

Ira y tristeza son emociones con las que tenemos que lidiar.
Investigaciones que se hicieron en Francia a partir de doce cuestionarios recogidos entre oncólogos y del estudio de cierto número de autores, demuestran que la elección de la profesión médica o asistencial, no se apoya sólo en motivos racionales o contingentes (interés intelectual o cultural, prestigio social, vocación humanitaria), sino también en razones más profundas en parte inconscientes y cuya función es reparadora.

Frente a la enfermedad incurable, se asiste una vez más a la reactivación del sentimiento de impotencia, a la frustración de las aspiraciones salvadoras y a la confrontación con la muerte.

El modo en que cada uno de los miembros del equipo asistencial confronta, elabora y transforma la angustia, la frustración y la impotencia, abundará en efectos positivos o negativos para el paciente y su entorno significativo. Lo óptimo sería: integrar conocimientos, eficacia técnica y compasión amorosa.

En un contexto donde entrar en fase terminal es vivido por el mundo médico como un fracaso, es necesario reevaluar el trabajo técnico realizado y elaborar los duelos. Duelo utilizado con término que hace referencia a la capacidad emocional para superar las pérdidas y las separaciones. Duelo por nuestras limitaciones, por nuestra impotencia, duelo por los afectos que se desarrollaron con nuestros pacientes y sus allegados significativos.

Despedirnos con amor, perdonar y perdonarnos. A posteriori, replantear los éxitos y fracasos en la metodología abordada y aprender de los errores cometidos transformándolos en enseñanzas.

Familia-sistema de creencias-momento del ciclo vital

La familia es un grupo de personas que transita por un largo camino de continuas transformaciones. Atraviesa cambios en su composición (casamiento, nacimiento, escolaridad, adolescencia, alejamiento de los hijos del hogar, jubilación, muerte), por una amplia gama de circunstancias adversas o favorables.

Cada familia es diferente en su manera de comunicarse y conversar, de darse afecto, de resolver conflictos, de cuidar la intimidad, de enfrentar las crisis y los duelos.
Cada familia va creando un estilo de funcionamiento con más o menos flexibilidad en el diálogo, con distintos acuerdos y escritos, y con actitudes que frente a la muerte próxima de un miembro, se comporta como un sistema facilitador o no facilitador del despegue

 La edad en que aparece la enfermedad incurable, producirá variaciones en cuanto a los miedos, el dolor, y la desesperanza. El duelo por la familia que fue toca a cada uno de sus miembros, y cada uno de ellos reaccionará a su vez de manera diferente, "ya nada será como antes".

Ayudar a la familia o a ese otro significativo que está involucrado en la muerte de un ser querido, es ayudar a expresar con palabras la reorganización de sus sistemas de valores, a que puedan desvelarse los secretos, a enterrar juntos algunos sueños, a perdonar y a conectarse con el amor que trasciende los cuerpos físicos, con ese amor construido de a dos, pero que ya es parte de cada uno. Ayudar a limpiar las culpas, que no son más que errores en el aprendizaje.

Ayudar a recuperar los rituales y las ceremonias de la muerte que, aunque dolorosas, ayudan a aceptar la irreversibilidad de los hechos.
Para lograr colaboración del equipo familiar y de otros significativos es útil recoger ciertos datos que nos acercan al estilo particular con que cada familia vive sus circunstancias, por ejemplo:

- Historia, creencias, mitos y teorías acerca de la enfermedad que lo aqueja (causas y consecuencias).

- Mitos de incapacidad y muerte.

- Actitudes socioculturales acerca de la salud y enfermedad.

- Actitudes y respuestas familiares ante la enfermedad y el sufrimiento/dolor. 

 -Palabras innombrables, temores ocultos, mandato familiar. 

- Momento de ciclo vital de la familia: estructura familiar abierta o cerrada. Grado de permeabilidad y flexibilidad de límites entre       lo  individual, familiar y el exogrupo.

- Impacto de la enfermedad en las relaciones maritales, sexuales y familiares.

- Factores que incrementan o alivian el dolor.

- Situaciones que elevan el estrés familiar.

Individuo-momento del ciclo vital-tipo de enfermedad-el proceso de morir

La vida es un progreso que se paga con la muerte biológica de los individuos, pero no sólo somos seres biológicos, somos también seres culturales y espirituales, y transcendemos a través del recuerdo.
Como individuos-sujeto somos cuerpo, mente y espíritu. No existe un conocedor abstracto que esté separado de la experiencia misma. Por lo tanto, el cuerpo toma diferentes significados en el transcurso del tiempo. 

Algunas veces, el cuerpo responde como un sumiso y utilitario animal. Otras veces le atribuimos la responsabilidad de lo que nos pasa. Otras veces es un cómplice de nuestros deseos, otras no es más que un saboteador de nuestros proyectos.

Lo que nos cuesta asumir es que el cuerpo es lo que es, en su circunstancia, y la armonía entre el cuerpo y su circunstancia, es uno de los grandes secretos de la vida.
Napoleón decía: "No existen grandes hombres, sino hombres normales, ante circunstancias especiales". Pero hubo otros hombres normales en las mismas circunstancias que Napoleón, y no fueron Napoleón.

Cada uno de nosotros está colocado en un tapete de ruleta circunstancial. Nos toca en cada momento un ahora y un acá. La enfermedad o la muerte irrumpe o se agudiza en un momento del ciclo de vida, y quien lo transita percibe la sensación de un tiempo sin tiempo, un tiempo suspendido por la enfermedad. Un tiempo donde la historia del sujeto se convierte en la historia de su enfermedad, su dolor y sufrimiento.

El enfermo terminal necesita ser escuchado, y escuchar es estar receptivos al misterio, sin esperar nada en particular, sin juzgar y en un primer momento sin interpretar ni traducir, sino escuchar sus propias palabras. El enfermo necesita confiar en nosotros, y que nosotros confiemos en ellos, que confiemos en su fortaleza interior, de la que tal vez no tienen conciencia, pero que nosotros debemos intentar recuperar. Entonces, además de escuchar, hay que poder hablar y facilitarle al enfermo las preguntas difíciles.

Los enfermos terminales nos informan y muestran con sus conductas las etapas del morir. Siguiendo a Elizabeth Kubler Ross, podemos reducirlo a cinco etapas.
Los enfermos terminales pasan por estados de negación y aislamiento: "¿Se habrán equivocado en el laboratorio?" "No, no soy yo, no es verdad". De cólera, ira y desesperación: "¿Por qué a mí?" "¿Qué culpa estoy pagando?" Regatean e intentan negociar con Dios y con los hombres, hacen promesas, proyectan llegar con vida a momentos importantes de su historia de futuro: "Si por lo menos mi hija pudiera conocerme", "Llegar a la fiesta de fin de año", "La graduación de un hijo", "La llegada de un amigo". Se sienten abatidos, y caen en depresiones más o menos profundas. Se producen distorsiones de la realidad.

El cuerpo está decrépito, pero la imagen corporal no se modificó, acusan sensaciones de extrañeza: "La semana pasada podía caminar, no entiendo por qué ahora no puedo si soy el mismo". Y finalmente la aceptación y esperanza, que está ligada a la espera de ser liberado de su sufrimiento, a la espera y encuentro con sus mitos y sus creencias, a sus imágenes del más allá, a sus sueños, Una suspensión del tiempo que abre el camino al desapego.

Estas cinco fases pueden aparecer en forma ordenada, caótica, o en simultaneidad. Durante el proceso de morir se entra, se sale o se queda instalado en cualquiera de estas etapas. Cada una de estas etapas requiere el conocimiento de las individualidades, el consenso en los objetivos de ayuda que han de prestar el equipo asistencial y el equipo familiar o de seres queridos.

Si a lo largo de estas fases el muriente está acompañado por alguien que lo ama, que lo contiene, podrá resignificar las pérdidas y los duelos. Como habíamos señalado, duelo es la capacidad emocional de superar las pérdidas y las separaciones (pérdida de partes del cuerpo y funciones debido a la enfermedad, pérdida del rol familiar y social, de sus proyectos y expectativas). Acompañar al muriente desde el lugar tanatoterapéutico, es ayudarlo a expresar con palabras o silencios la reorganización interior de su sistema de valores.

Se crece cuando se está enfermo o cuando hay que hacer frente a una perdida dolorosa. Se crece si se acepta el sufrimiento y se intenta comprenderlo no como una maldición o un castigo, sino como una enseñanza.
La crisis y el duelo, así como la negación y la esperanza, son conceptos que se transforman momento a momento. El enfermo es quien nos dicta cuándo está en condiciones de recibir más información (verdad acumulativa). Hiperinformar es tan nocivo como no informar.


La franqueza puede convertirse en una forma solapada de hacer daño. Cada uno de estos enfermos puede no solamente aprender y recibir nuestra ayuda, sino además convertirse en nuestro maestro. Ellos nos enseñan acerca de la necesidad de negar, total o parcialmente, lo que ya saben.
Nos cuesta admitir que nuestra tarea, a veces, consiste sólo en estar con la persona cuando sufre, estar sencillamente junto a ella, sin asustarnos de su miedo, de su dolor o de su ira.


Permitir que apoye sobre nosotros su grito silencioso y la mirada vacía. Para cerrar, recuerdo lo que alguien dijo alguna vez: "No se puede mirar al sol todo el tiempo y tampoco a la muerte".

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Fin del artículo.

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El estudio de la Tanatología en esta Era de Acuario , y ya considerándola como una ciencia, está emparentada de una manera muy directa con los Cuidados Paliativos, pero tiene algunas aristas diferentes que son las que en definitiva , permitirán al Tanatólogo SABER que TODO lo que NACE tiene que MORIR.

Esa es una verdad definitiva que la historia de la humanidad ha estado recreando   en nuestro planeta, desde la noche misma de los tiempos. Eso indica que desde siempre hemos estado presenciando el nacimiento y la muerte de las diferentes formas minerales, vegetales , animales y humanas que contuvieron la Vida, y sin embargo nuestro planeta no es un osario como muy bien  podría serlo a la luz de estos hechos, y sigue siendo motivo de belleza, que no ha sido envilecido ( todavía lo suficiente ) ni siquiera por el hombre .

El proceso de morir y de disolución y disipación de las formas, continúa en todo momento , sin producir contaminación contagiosa ni desfigurar la superficie de la tierra. El acto de morir ha provocado variadas reacciones en los seres humanos, y el mismo ha estado condicionado al  momento de la historia , la posición social, la educación , normas morales y éticas de la comunidad donde sucediera el hecho, etc.

La historia más reciente de la humanidad nos muestra un cambio, que no pasó desapercibido por casi ninguna persona, y que fue el advenimiento de una nueva Era, llamada Era de Acuario.
Este hecho comenzó a manifestarse, ya de una forma virulenta, por la década de los años sesenta del siglo pasado. Quedaba atrás entonces , lo que desde la venida del personaje Bíblico  el  Cristo y por unos 2000 años había sido llamada la Era de Piscis.

Dos Eras totalmente diferentes, como el invierno y el verano, y casi casi sin pasar por la primavera.
Comenzábamos entonces a vivir un período de transición entre la saliente era Pisciana, con su énfasis sobre la autoridad y la fe, y la entrada en la era Acuariana, con su énfasis sobre la comprensión individual y el conocimiento directo .

Las características externas y fácilmente visibles que vienen con esta nueva Era, están basadas en una suerte de búsqueda de valores interiores y de libertad, se habla mucho de Energía , Amor y Paz . El sentimiento de Amor que Acuario despierta dentro de nosotros, es el que permite contrarrestar en parte las injusticias y maldades, oponiéndole la proliferación de Sociedades Filantrópicas, y otros Organismos Internacionales asociados para hacer el Bien.

De la misma manera que la ropa que usamos durante el invierno cae en desuso en el verano, la educación, la escala de valores construida durante Piscis, comienzan a dejar de tener vigencia en Acuario. Los paradigmas, donde la felicidad y la meta del individuo, radicaban en tener una carrera profesional, una sólida posición económica, una familia, y todo aquello que había sido el sueño del mundo occidental hasta ese momento, deja de tener el mismo valor. 

La humanidad desde entonces está cambiando sus aspiraciones.
Rearmando su escala de prioridades, y respondiendo a una necesidad interior, trata de encontrarse a sí mismo, conocerse mejor, y poder entonces responder de una manera más sabia a los requerimientos del medio ambiente que la rodea.

Aquel " Curador Espiritual " que oficiaba desde los principios de la raza humana , es la profesión que rescata la Tanatología, que si bien es una palabra derivada del Griego ",Thânatos " Dios de la muerte, por el Ruso Elie Metchnikoff en el principio del siglo pasado, es a partir de la Dra. Elizabeth Kübler Roos  por los años sesenta,   seguramente respondiendo a una necesidad interior causada por la energía de Acuario, donde se empieza a tratar a la misma como una ciencia, y se incrementa la preocupación de rodear a la persona que abandona este estado de conciencia físico, con paz y amor .

Iremos viendo poco a poco a nuestra civilización materialista, ceder rápidamente su lugar a una cultura más espiritual , nuestras organizaciones eclesiásticas, con sus limitadoras y confusas teologías se irán reorientando hacia enseñanzas más claras , intuitivas y sin dogma.
La oferta tan variada de filosofías con sus consiguientes religiones, coexistiendo en santa paz, no tiene parangón en la historia de la humanidad, sobre todo en occidente,  y el Cristo como sinónimo de energía espiritual ,  nunca estuvo tan presente en la boca ni en el conocimiento  de tanta gente como hoy en día , ni siquiera hace 2000 años atrás.

Un científico como Albert Einstein en el siglo pasado , nos enseñaba un nuevo concepto de la energía, que era totalmente nuevo para occidente , cuando enunciaba a través de su Teoría de la Relatividad, que todo era energía, manifestando que la materia o la masa, era también energía , pero con un proceso de aceleración.

De ahí en más , y a partir de la relatividad de las cosas, nos indicaba que debíamos comenzar a pensar en forma abstracta, y reconocer a lo manifestado , ya sea algo físico o no, por su cualidad y no por su forma

Las cosas reales, no son como creemos que son, y el hecho de la muerte no escapa a esa consideración

El interés del alumnado por el tema de la Vida como una energía, o  como la manifestación abstracta de Algo,  fue una constante desde el principio del curso hasta el final, y sólo a partir del estudio del tema  en especial, apartado del contexto de la Tanatología, es cuando se pudo clarificar algo,  un tema tan abstruso como el de la energía.

Si bien la intención original de la Unidad de Servicio, fue liberar al público en general el capítulo de la Tanatología exclusivamente, posteriormente resolvimos anexar algunos conceptos, que entendimos hacían a la cuestión del paciente terminal, y sobre todo ayudaría a la comprensión de los distintos estados de ánimo que inundan a la persona que está abandonando este mundo , y que son fácilmente observables.

En esta oportunidad nos queremos referir a la exacerbación de sus sentimientos, que pueden ser extremadamente coléricos, o amorosos, o ambos.

La Energía no tiene intención, no es ni buena ni mala, la persona que está hipersensibilizada, por una situación tan especial como puede ser la de su inminente  deceso, se encuentra en situación de hacer contacto con mayor cantidad de energía, la cual se manifestará según el  ánimo del paciente.

Cuando se logra evadir la atención sobre los requerimientos del cuerpo físico, la conciencia se traslada al próximo estado donde se va a seguir manifestando.

Este es un nivel mucho más potente, donde las cosas se sienten  mas , y de ahí  las experiencias que frecuentemente escuchamos de los pacientes,  a quienes  acompañamos en sus últimos días.

Esta  Era de Acuario, nos  esta ayudando a la aceptación de estos hechos, que cada vez son menos extraños, y que gracias al  desarrollo de las comunicaciones, hace que el mundo  día a día  sea más ancho  y menos ajeno.

SIGUE