Muchas son las causas por la cual la muerte es vista con temor, y se pueden explicar a partir del conocimiento de lo que es la reencarnación, y la memoria de ese Ser que se ha venido reencarnando desde el principio y que se le llama comúnmente Alma

Si en el día de hoy, con todos los recursos que tenemos a nuestra disposición, a veces no logramos calmar al paciente , y por consiguiente no podemos sustraerlo del sufrimiento que le causa su vehículo físico, impidiéndole alcanzar la paz que necesita para efectuar la gran transición, imaginémonos lo doloroso que deben haber sido las muertes , cuando aún no se contaba con todos los elementos que tenemos hoy en día.

Sumemos a este hecho, el más común quizás, las situaciones de muertes violentas por todas las guerras y catástrofes que ha padecido la humanidad,y que esta entidad ha estado re-viviendo desde que nació la raza humana, y cuya memoria conserva.

El que la ciencia en general no reconozca la existencia del Alma , no quiere decir que ésta no exista , no existirá para la ciencia, al igual que muchas otras cosas que todavía no ha descubierto que existen, y que tienen que ver con el acto de la vida y la muerte del individuo.

La búsqueda de la seguridad es la búsqueda de todo ser humano, y como respuesta a la búsqueda de esa seguridad , surgen entonces las religiones.

Sólo con el conocimiento de mí mismo, sé que es lo que muere de mi, y entonces no necesito de una religión, que tanto me vende una idea reconfortante del Cielo , como me infunde temor con el Infierno , induciéndome a considerar a la muerte como una calamidad. Lo que siente temor a la muerte, es la parte de mí que se muere, que no soy Yo, pero debo saber exactamente quien soy Yo, para liberarme de ese temor.

La libertad, no es algo a conquistar , es un descubrimiento que tenemos que lograr dentro de nosotros.
Todas las religiones han hecho del alma imperecedera su credo para dar esperanza a la humanidad. La idea de una vida después de la muerte se encuentra pues , en todas las religiones, pero bajo formas diferentes.

No debemos olvidar que si bien el éxito o fracaso de una forma religiosa, depende en gran parte de su conductor o maestro de turno, que tiñe con el color de su personalidad la idea en sí, la religión es siempre la exteriorización de una filosofía, y una filosofía, es una sabiduría de vida .Saber y Conocer, son dos cosas diferentes .

Muchas personas se aferran al concepto de la reencarnación, sin saber exactamente de que se trata, y lo hacen , no por el conocimiento de una ley superior como es la de Causa y Efecto, sino como forma de evadir el temor a la muerte, y buscar una seguridad para después de la misma

El temor y la morbosidad que el tema de la muerte comúnmente evoca , y la poca disposición para encararlo con comprensión, se debe a que la gente pone excesivo énfasis sobre el cuerpo físico,y a la facilidad de identificarse con el mismo ,( egoísmo) relacionando esto, con el temor inmediato a la soledad y a la pérdida de las cosas familiares.

Sin embargo, la soledad que acontece después de la muerte, cuando el hombre se encuentra a sí mismo sin un vehículo físico, no tiene comparación con la soledad del nacimiento.

Al nacer, el alma se halla en un nuevo ambiente, sumergida en un cuerpo que al principio es totalmente incapaz de valerse por sí mismo o de establecer un contacto inteligente con las condiciones circundantes, durante un largo período.

El hombre viene a la encarnación sin recordar la identidad, o lo que para él significa el grupo de almas en esos cuerpos con quienes está relacionado; esta soledad desaparece gradualmente, y sólo cuando establece sus propios contactos personales, descubre a los que congenian con él y eventualmente reúne a su alrededor a quienes considera sus amigos.

Después de la muerte no sucede lo mismo, porque el hombre encuentra en el más allá a quienes conoce y se vincularon con él en la vida del plano físico, y nunca está solo, como el ser humano entiende la soledad.
También es consciente de los que poseen aún cuerpos físicos; puede verlos, captar sus emociones y sus pensamientos.

Si la gente tuviera mayor conocimiento, temería a la experiencia del nacimiento y no a la de la muerte, porque el nacimiento encierra al alma en la verdadera prisión, y la muerte física es sólo el primer paso hacia la liberación.

El instinto de auto conservación tiene su raíz en un innato temor a la muerte, mediante la presencia de ese temor, la raza ha luchado hasta alcanzar el presente punto de longevidad y resistencia.

Las ciencias que conciernen a la preservación de la vida, al conocimiento , y las proezas de la comodidad de la civilización, todo ha surgido de ese temor básico a la muerte.

Si bien la Sicología a partir de Freud, ha hecho mucho por el conocimiento y consiguiente aceptación de las “ cosas” interiores del ser humano, todavía falta mucho para que nos reconozcamos como realmente somos, pero al menos existen infinidad de hechos que son aceptados en silencio , dentro de la ciencia en general y la medicina en particular, e indicadores de que nos vamos acercando con un concepto de mente más amplia, a la valoración y aceptación de ciertas situaciones, que siglos atrás , de así haberlo hecho nos hubiera conducido a la hoguera por herejes.

Quizás el recuerdo de esas vivencias pasadas, son las que aún conspiran para que el profesional que trabaja en el área de la salud , solo comente en el círculo más estrecho de personas de su confianza, muchas experiencias que vive y que no sabe explicar, pero que va aceptando cada vez más, como algo que viene “del más allá” que no entiende pero respeta, porque ha comprobado que son reales y positivas.

De la misma manera que un profesional de la medicina, no debería tratar a ningún paciente con el que tiene algún vínculo familiar o emotivo, so pena de perder la objetividad de sus juicios, y con ello la certeza de su opinión ,el Tanatólogo que ha estudiado bien su carrera y aprendido su cometido, no se vincula ni emocional, ni mentalmente con el paciente al que está acompañando, sino que establece una relación basada en ese tipo de conocimiento sabio que vulgarmente se le llama Amor.

El saber posicionarse en un estado de conciencia superior, le permite sobrellevar de una manera mas natural la relación con el paciente, sin sufrir el efecto de “ quemarse “,"burn out " y ser así más útil en el desempeño de su función, aportando entonces, la ayuda que de él se espera.

Hablando del científico en el área de la medicina, dado que es el tipo de profesional que convoca la atención en este tema, diremos que es generalmente por deformación profesional y por idiosincrasia, una persona poco Mística

A priori, niega todo lo que no pueda ver y tocar, y tiene por consiguiente un pre-juicio sobre temas concernientes al “ más allá “ , los cuales relaciona con la religión o alguna suerte de catolicismo, ya sea occidental u oriental y como no tiene inclinación hacia la credulidad religiosa, piensa que no debe considerar esos aspectos, que son los que hoy por hoy, realmente lo pueden aproximar al conocimiento de lo que pasa cuando alguien se muere.

Pero este hombre de ciencia, se olvida o desconoce, que existen dos caminos para llegar al conocimiento y a la sabiduría, de lo que llamamos del “ más allá “, uno es a través del Misticismo, con sus componentes de Fe y Devoción , realizado por las religiones populares, que se conforman con creer en Dios, y el otro camino es el del Ocultista, quién no se conforma con creer, sino que tiene que conocer y comprender esa energía a la que comúnmente llamamos Dios.

Albert Einstein decía que veía a Dios detrás del átomo.

El Tanatólogo se debe preparar muy bien, en el conocimiento de sí mismo, puesto que si no lo hace, no puede pretender conocer a otra persona, y mucho menos brindarle su ayuda.

Con este conocimiento, que más tarde trasmutará en sabiduría de sí mismo, aprenderá que la muerte en realidad no existe, lo que “ muere “ es el estuche que contuvo esa vida, y que ahora seguirá cosechando experiencias en otro nivel de conciencia.

Hoy en día son relativamente pocos los científicos que aceptan que la vida realmente continúa " en otro mundo más allá de la tumba ". Y todavía son menos los que piensan que las experiencias próximas a la muerte son " una visión auténtica del más allá ". Pero los científicos , como decíamos anteriormente, son ya de por sí un grupo muy escéptico, sólo un 16 % de ellos creen en algún tipo de vida después de la muerte, en contraste con el 67% del resto de la población.

Con el aprendizaje de las disciplinas de autoconocimiento, el Tanatólogo aprenderá  que “La Vida no se muere nunca”

Respecto a una actitud, que se está popularizando dentro del mundo médico y el entorno multidisciplinario que rodea al paciente en sus últimos días, y que se conoce como la "Imposición de Manos" queremos aportar algo sobre el tema, sin intención de polemizar y con el mayor respeto hacia los colegas, que bien intencionados, no escatiman esfuerzos en pos de una mejoría, o un alivio en el atribulado paciente

El Cristo no curaba por Imposición de Manos, sí lo hacía por radiación y con  esa energía de Amor que irradiaba de sí mismo.

El curador sea quien sea debe adquirir pureza magnética... y lograr una radiación dispersadora. Esto involucra una gran disciplina personal en la vida diaria y el hábito de vivir en forma pura. Inevitable y automáticamente la pureza da por resultado la irradiación y el poder para trabajar con la misma, y en ese caso el agente de irradiación es el aura y no las manos. También deberá desarrollar el poder para practicar durante todo el tiempo una totalinofensividad. ¿Cuántos curadores combinan estas tres cualidades y trabajan por medio de esa energía que llamamos Amor?

El estudio de estos requisitos no debe producir desaliento, el mismo servirá para establecer una meta necesaria para todos los curadores de la nueva era. También explicará por qué los distintos sistemas de curación practicados hoy en todo el mundo (especialmente en los países angloamericanos) , han fracasado notablemente hasta ahora, a pesar de sus pretensiones. Ninguno de ellos -si han llevado registros debidamente comprobados y científicamente exactos, (prácticamente nadie lo ha hecho), acusaría mas de un ínfimo porcentaje de curas basadas en la curación puramente espiritual. El porcentaje curado alcanza a menos de una por millón. En todo caso,quizás dichas curaciones se habrían efectuado a su debido tiempo si se hubiera permitido la acción de la naturaleza o la actuación de la ciencia médica o quirúrgica común.

Pero hoy es tan grande la estimulación espiritual en el mundo, y el número de los que responden tan enorme, que inevitablemente un gran grupo podrá salir de las filas de la medicina ortodoxa y entrar en el sendero de una nueva

La comunicación con el paciente terminal, no se logra mediante una intensa afirmación de la divinidad o por derramar simplemente amor y expresar un indefinido misticismo. Se logra por el dominio de la ciencia exacta de contacto, de impresión, de invocación, más una comprensión del mecanismo sutil del vehículo etérico.

De la misma manera que ejercer la profesión de un arquitecto , un ingeniero , un economista, o un médico, no es algo que se pueda realizar correctamente, sin haberla estudiado antes, el canalizar y dirigir energías, requiere de un aprendizaje similar, el estudio del mismo está incluido dentro de los nuevos sistemas de educación que la Era de Acuario reclama y por eso lo brindamos a través de este curso en la Unidad De Servicio.

Las filosofías que apoyan los distintos sistemas , son básicamente sanas y afirman trilladas verdades fundamentales ,(no obstante verdades esenciales), que subyacen en todo lo que acabamos de decir.
Sin embargo, la gente no se cura por la enunciación de verdades trilladas, o por la afirmación de la divinidad , ni por la exposición de teorías abstractas.

Hemos notado también a través de la información que recibimos, y de las experiencias con la que entramos en contacto, que el interés por descubrir las cosas de " adentro" nos está haciendo profundizar las cosas de “afuera”, y le estamos dando una dimensión que no le corresponde al simple hecho de morir, que es algo tan natural como el nacer

Para permitir que alguien muera en paz, no necesito armar un Consejo Consultivo,( ”counselling “) integrado por sacerdotes, psicólogos, sociólogos, médicos , enfermeros, parientes, y todavía el Tanatólogo, si bien todas estas personas debidamente coordinadas ,cumplen una función muy importante y específica en la ayuda de tal cometido

Informar, aclarar errores de interpretación en cuanto al estado físico objetivo del tratamiento y medidas adoptadas, es fundamental para el paciente y su familia, así como también, que todas las personas involucradas , reciban la misma información de una forma adecuada , y con explicaciones sencillas, dado que al haber tantos profesionales en torno al paciente, uno dice una cosa , otro puede decir algo similar, pero con palabras distintas. lo que puede ser mal interpretado por éste y su grupo familiar, habida cuenta del estado psicológico en que se encuentran

Llega un momento en que el paciente sabe que la muerte es inminente, y lo sabe porque está en contacto casi continuo con el estado de conciencia al que va a acceder luego que el deceso se realice

El escuchar atentamente, sin acosarlo con preguntas,no avasallarlo con nuestra presencia, y privarlo de su intimidad, es una actitud positiva a tomar, pues nos enseñará mucho sobre sus necesidades, y cual es el camino que debemos ir recorriendo, para lograr nuestro cometido, que es el de permitirle transitar en paz, el sendero hacia su próxima morada

Hay un artículo interesante, que al final del mismo aporta una bibliografía muy útil sobre el tema, que fue presentado en el curso por un alumno que lo "bajó " de internet ,y queremos compartir con Uds.

Este trabajo, así como otros que anexaremos a nuestra página web, emitidos por personas o instituciones interesadas en la tanatología, son opiniones que no necesariamente tengan que ser compartidas por la Unidad de Servicio, ni reflejar el espíritu de nuestras enseñanzas, pero que entendemos son un aporte valioso, para los individuos particularmente motivados por estos temas.

" Morir con dignidad "

artículo firmado por Doris Suchecki

"Nada es permanente excepto el cambio" Heráclito (540-480 a.C.)

Palabras clave
Bien morir. Interacción. Cultura. Singularidad.

Introducción

Pareciera que hablar de la muerte es convocarla y efectivamente, así es. Imágenes de seres queridos que ya no están físicamente con nosotros, se superponen con nuestras fantasías más temidas. La fascinación por lo desconocido se superpone con el miedo al deterioro, al dolor y al desapego.

Hace algunos años, surgió la tanatología como disciplina de estudio de la muerte y el morir. Esta especialidad se originó y desarrolló a partir de investigaciones que se hicieron dentro del campo de la medicina contemporánea, la sicología y la sociología. Su objetivo es rescatar y valorizar el bien morir. Pero para que esto realmente suceda, estas tres disciplinas científicas tendrán su razón de ser, si se nutren en la filosofía, la teología (aunque uno mismo sea agnóstico), en el amor, la compasión y en la creatividad necesaria, para acompañar a cada ser absolutamente singular.

Examinar la muerte, como examinar la vida, requiere la escucha y la lectura de una pluralidad de discursos. Cada uno de ellos tiene un contexto de validez y un ámbito de aplicación. Sin embargo, es posible que no estemos encondiciones de comprender muchos de esos discursos, pero esto no quiere decir que por el solo hecho de no comprender, no existan o no sean realidades.
El lenguaje del moribundo es caótico, y obliga a quienes nos especializamos en esta disciplina a colocar el caos dentro del orden. Pero colocar el caos dentro del orden, no significa ordenar el caos sino respetarlo. Acomodar con este pensamiento nos remite a uno de los puntos fundamentales que tiene que ver con el misterio de la vida y de la muerte, la humildad frente a lo desconocido.

Antecedentes

Hablar de la muerte y sus circunstancias se ha convertido en un tema tabú. A muchos de nosotros, admitir que la vida es limitada, nos produce una horrible sensación de vacío. Nos cuesta reconocer que parte del proceso de crecer, es aprender a convivir con la paradoja de "nacimos para morir".

Desde el principio de los tiempos el hombre luchó contra la idea de la muerte. Brujería, religiones, incluso la medicina fueron territorios en donde se combatía o por lo menos, donde se postergaba la muerte. Cuentan los narradores en los libros sagrados, en la literatura, en la poesía y en la filosofía, que el hombre notaba la proximidad de su muerte y actuaba en consecuencia según su momento histórico cultural. Eran tiempos en que las enfermedades algo graves casi siempre eran mortales.
Por ejemplo en la Roma Imperial la longevidad no superaba los veinticinco años, promedio que se mantuvo durante la Edad Media y que aumentó en cinco años hasta mediados del siglo XIX, en que se llegaba a vivir treinta y cinco años. La longevidad era excepcional, se convivía con la muerte en lo cotidiano.

Un documento pontificio de la Edad Media estipulaba que era obligación del médico no privar al moribundo de su muerte y que convenía que la presidiera. La proximidad de la muerte trasformaba la habitación del moribundo en un lugar público. Las artes moriendi del siglo XV, ya recomendaban dejar al moribundo a solas con su alma para que no hubiese distracciones en su intimidad con Dios.

A partir del siglo XVII, el moribundo dejó de ser el único dueño de su muerte. La compartió con su familia. Los médicos ilustrados de finales del siglo XVIII se quejaban de esta mala costumbre de invadir las habitaciones de los enfermos, e intentaban poner orden en ese caos de familiares, vecinos, y plañideras; velas y ventanas cerradas con el objeto de preparar al enfermo para un final más digno.

La costumbre en el siglo XVIII y XIX, exigía que la muerte fuera el centro de una ceremonia ritual, donde si bien el sacerdote tenía su sitio, era uno más entre los demás participantes. El moribundo estaba investido de una autoridad soberana, dictaba recomendaciones, daba órdenes y hacía las bendiciones.

Estudios antropológicos, sociológicos, y psicológicos muestran que cuanto más avanzamos en el tiempo, y más ascendemos en la escala social y urbana, hay menos proximidad con la muerte, menos conciencia de muerte y más soledad. La muerte antaño era una figura familiar, era parte de la cotidianeidad. Admitirla hoy, es casi provocar una situación excepcional teñida de dramatismo. Algunos estamos saliendo de ese período de negación de la muerte: en que se la escondía, se tenía vergüenza, se la negaba. "De eso no se habla", "es obsceno", "es demasiado triste". Los ritos de la muerte habían perdido validez. Frente a la muerte sólo se intentaba eliminar el cuerpo que delataba el fracaso humano.

El desarrollo contemporáneo de la ciencia y la tecnología ha contribuido a fortalecer la creencia a esperar imposibles. Nadie debiera enfermar. Nadie debiera envejecer, nadie debiera morir. Nadie debiera sufrir. Esta negación de la muerte y de la naturaleza humana, no logra sostenerse en la realidad. En consecuencia, se asocia la muerte al fracaso de la tecnología y la ciencia.

Albert Schweitzer escribió:

"Si queremos llegar a ser buenas personas de verdad, debemos familiarizarnos con la idea de la muerte. No necesitamos pensar en ella todos los días ni a cada hora. Pero cuando la senda de la vida nos conduzca a una posición ventajosa donde el paisaje alrededor desaparezca, y contemplemos la vista distante hasta el mismo final, no cerremos los ojos, hagamos una pausa por un momento, observemos el paisaje lejano, y luego prosigamos. Pensar en la muerte de este modo, produce amor por la vida. Cuando estamos familiarizados con la muerte, aceptamos cada semana, cada día como un don. Sólo cuando somos capaces de aceptar así la vida, poco a poco ésta se torna preciosa."

A partir del año 1950, médico y enfermeras del tenor de Elizabeth Kubler-Ross y Cecily Saunders comenzaron a plantearse problemas acerca de la muerte y el proceso de morir. Crearon un movimiento basado en el amor y la escucha. Observaron reacciones, estados, etapas por los que transitan los murientes en el tiempo de vida. Fundaron hospicios con cuidados paliativos para acompañar en los últimos momentos a personas afectadas de enfermedades terminales.

En la década de los setenta, los Simonton y Stephen Levine encontraron caminos alternativos, basados en programas grupales o individuales de meditación, y resignificación de la enfermedad y la muerte. Muchos enfermos lograron revertir el diagnóstico, o simplemente recuperar la dignidad para morir. Este movimiento se ha ido expandiendo, y con ello se está rompiendo el tabú.

El hecho de preocuparse de la muerte no significa una evasión ante la vida, todo lo contrario. La integración de la idea de la muerte en el pensamiento, permite erigir nuestras vidas de acuerdo a propuestas más conscientes y meditadas, no derrochando "demasiado tiempo en cosas sin importancia".

Relación terapéutica

La relación tanatoterapéutica es una relación compleja en donde se plasma el interjuego de las dinámicas culturales, interpersonales e interpsíquicas.
Estamos en presencia de la muerte, pero de hecho nos ocupamos de la vida en sus últimos momentos. Frente a este desafío debiéramos preguntarnos: ¿Qué es la muerte? ¿Cómo la definimos? ¿Nos atrevemos a nombrarla? ¿Cómo se construyó este concepto en nuestra historia personal? ¿Qué nos sucede cuando un ser querido, un conocido, un paciente muere, o cuando nos informan que tiene una enfermedad terminal? Nos rebelamos. Lo negamos, nos resignamos, o lo aceptamos. ¿Tenemos conciencia que la muerte está presente en toda la vida? Cada muerte, como cada vida es singular y deja en nosotros una huella única. Todos quisiéramos saber cómo es la muerte, aunque pocos estemos dispuestos a admitirlo.

Para muchos, la muerte sigue siendo un secreto oculto tan erotizado como temido. Situaciones fortuitas, muertes repentinas, accidentes, catástrofes y guerras, replanteos éticos consecuencia de nuestras profesiones, o crisis existenciales, hacen que nos ocupemos de la muerte. En general, la muerte se asocia a la vejez y la enfermedad, este mito hace que nos interese más la muerte a medida que envejecemos. Tanto el envejecimiento como la muerte son cosas normales y naturales, pues una y otra son universales y sin excepción entre los "mortales". La vejez y la muerte son, al mismo tiempo que normales, patológicas, es decir se manifiestan por desórdenes y enfermedades. La vejez y la muerte como perturbaciones abren pues, la vía a la acción. Acción práctica que por el momento, sólo puede ser paliativa pero que puede llegar a ser restauradora.

Volvamos al desafío de atender, de acompañar a una persona afectada de una enfermedad terminal o moribunda, y escuchemos los interrogantes que debiéramos permitir que se nos planteen: ¿Cuál es mi grado de compromiso emocional, físico, técnico y espiritual? ¿Cuál es la manera más eficaz de colaborar en el proceso de la enfermedad y/o de muerte? ¿Cuál es el contexto en que está inmerso el paciente? ¿Cuáles son los recursos con los que él/ella cuenta: físicos, psíquicos, afectivos, económicos, espirituales, sociales? ¿Cuál es mi lugar dentro de ese contexto? ¿Qué se espera de mí y que es lo que estoy dispuesto a dar? ¿En qué momento del ciclo vital del paciente la enfermedad se despliega? ¿Y en qué momento del ciclo vital familiar?, y ¿cómo estos datos resuenan en mi persona en este momento particular de mi vida?

En general, nuestro sufrimiento es mayor cuando se trata de un niño o un joven, que cuando se trata de una persona adulta de mayor edad. De cualquier manera, es importante recordar lo que Cecily Saunders dijo: "La verdadera cuestión no es qué le decimos a nuestros pacientes, sino qué es lo que nosotros permitimos que ellos nos digan", y ese permiso para hablar, para preguntar y para morir se lo daremos acorde a la elaboración de nuestros propios interrogantes existenciales

. Parto de la idea de que somos seres singulares y sociales en permanente interacción con todo cuanto nos rodea, en nuestro contexto y en nuestro tiempo. La vida cotidiana es de hecho, una vida en la que cada uno juega varios roles sociales de acuerdo a quien sea en soledad, en su trabajo, con amigos o con desconocidos. Vemos así, que cada sujeto tiene una multiplicidad de personajes en sí mismo, un mundo de fantasmas y de sueños que acompañan su vida.

El mundo en el que vivimos es el mundo de la experiencia, que se construye a través de la percepción y el lenguaje que se genera en la interacción. Afectamos y somos afectados, somos causa y consecuencia en los múltiples eventos correlativos donde participamos, modificando la percepción y a la que a través del lenguaje, le damos significado. Somos constructores de realidades.

Somos presente dentro de un flujo continuo de presentes. Estamos influenciados por nuestras memorias de pasado y de futuro, por ciertos mitos y costumbres de nuestra cultura, por nuestra etnia, por nuestro contexto geográfico, por nuestras mudanzas, por nuestro género, por nuestras familias, por nuestra experiencia de ser seres vivos en permanente cambio, aunque en algunos niveles esos cambios sean imperceptibles.

Comparto con autores como Gergen, que: "El conocimiento no es algo que esté en la cabeza de las personas, sino algo que las personas llevan a cabo conjuntamente". Para Gergen, la realidad es producida por acuerdo de significados, esto no ocurre fuera del contexto lingüístico humano. Maturana dice que: "Lo humano se vive en el conversar, en el entrelazamiento del lenguajear y el emocionar que es el conversar. Más aun, lo humano se vive en redes de conversaciones que constituyen culturas."

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