Escribía Alice A Bailey a principios del siglo pasado : “ A medida que trascurra el tiempo y antes de terminar el siglo XXI, se comprobará por fin que la muerte no existe tal como ahora se la comprende. La continuidad de conciencia estará tan ampliamente desarrollada y serán tantas las personas altamente evolucionadas que actuarán simultáneamente en ambos mundos, que el antiguo temor desaparecerá y el intercambio entre el plano astral y el físico estará tan firmemente establecido y científicamente controlado que se pondrá fin, correcta y misericordiosamente, al trabajo de los médium de trance.
El reinado del temor a la muerte casi está terminando, y pronto entraremos en un período de conocimiento y seguridad que socavará la base de todos nuestros temores. Acerca del temor a la muerte, poco puede hacerse, excepto elevar el tema a un nivel más científico , y en este sentido, enseñar a las personas a bien morir." Existe una técnica
para morir, así como existe una para vivir "
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EL PACIENTE MORIBUNDO.
¿Cuál es nuestra actitud ante un paciente moribundo , como médicos, enfermeras, trabajadores sociales, tanatólogos, religiosos, familiares, amigos, vecinos?. Considerando que como seres humanos, estamos siempre frente a la muerte, necesitamos pensar si estamos preparados para atender pacientes moribundos.
Si hemos estado cerca de un paciente moribundo ¿cuáles han sido nuestras reacciones?,¿hemos sentido tristeza, miedo, desinterés, o hemos dado nuestra presencia y entrega?. El paciente moribundo necesita sentir nuestra presencia, y aquí cabe una aclaración desde el punto de vista tanatológico respecto a quién es el paciente moribundo ya que con frecuencia utilizamos éste término y el de enfermo terminal como sinónimos.
Enfermo terminal es aquel que padece una enfermedad mortal, por la cual posiblemente, vaya a morir en un tiempo relativamente corto, pero que aún no es un enfermo moribundo. Paciente moribundo es aquel que ya está viviendo la fase terminal ya sea cuestión de semanas o de días.
Los síntomas que acompañan a esta fase son: en los últimos días se encuentra muy débil y confuso; la mayor parte del tiempo está encamado, quizás ya con dificultad para pasar los alimentos y los medicamentos. Es en estos momentos cuando nos surgen una serie de interrogantes: ¿qué necesita verdaderamente el paciente?, ¿que debemos hacer?, ¿qué es apropiado y qué podría ser inapropiado para el paciente?, ¿qué tipo de tecnología podemos aplicar?. Es difícil dar una respuesta a todas estas interrogantes, porque quizás ni siquiera hemos pensado en ellas, ya que el paciente terminal, el paciente moribundo y la muerte no han sido temas prioritarios de estudio en nuestra preparación como profesionales de la salud, o de nuestra formación como seres humanos.
La experiencia del morir es un acto individual. Los que rodeamos al paciente, podemos ayudarlo a aceptar esta experiencia a través de conocer, entre otras cosas, sus necesidades y ser conscientes de nuestras propias necesidades. La Dra. Kubler-Ross nos dice que si podemos aceptar las necesidades de nuestros pacientes y no proyectamos las nuestras, el paciente moribundo podrá llegar a la fase final de verdadera aceptación, y estará sin miedos, sin angustia.
Esto lo podemos ver de manera muy clara en la descripción que hace L.Tolstoi en su obra "La muerte de Ivan Ilich". Ilich en sus últimos momentos se pregunta: "¿y la muerte?.¿Dónde está la muerte? Buscaba, sin poder encontrar, su anterior y habitual miedo a la muerte. ¿Dónde está? ¿Qué muerte? No sentía miedo alguno porque no había muerte. En vez de la muerte era la luz. - ¡Ahora lo comprendo! - dijo de pronto, en voz alta. - ¡Qué alegría! - ..... Se acabó la muerte - se dijo - La muerte no existe.
En este relato, vemos que la aceptación de la muerte es la aceptación del propio ser y de la propia vida. Mucho se ha generalizado y dramatizado en exceso lo terrible de la agonía, sin embargo, aunque parezca contradictorio, si conocemos las etapas por las que atraviesa el paciente moribundo (negación, ira, regateo, depresión y aceptación) y las compartimos con él, morir puede ser una de las más hermosas e increíbles experiencias, rica para el que muere y para el que acompaña.
La Dra. Kübler-Ross continúa diciendo: "los que tienen el coraje y el amor necesarios para sentarse al lado de un moribundo en un silencio que supere las palabras, saben que ese instante no es ni terrorífico ni doloroso, sino que es la apacible detención de las funciones del cuerpo". Anclarnos en la desesperación, la nuestra o la del paciente moribundo, nos llevaría a no dar oportunidad a la muerte, esto es a saber decidir cuando sostener una vida que ya no tiene sentido sostenerla y cuando permitir que la muerte ocurra de manera natural sin poner limitaciones, y esto ocasionaría intranquilidad para todos.
Cuando estamos con un paciente moribundo debemos individualizar sus necesidades, no creer que las necesidades son iguales para todos, pero sí tenemos que tener siempre presente que será muy importante proporcionarle confort integral, paz y tranquilidad. El confort integral se refiere al bienestar que necesita el paciente en todas sus esferas: física, mental, emocional, social, espiritual y religiosa.
Esto se logra con la presencia de alguien con una sólida preparación profesional, o por cualquier persona con un sentido de responsabilidad y con una entrega desinteresada. Para obtener la paz y tranquilidad que necesita el paciente moribundo en sus últimos momentos, debe considerarse un ambiente adecuado, sin ruido y sin la participación simultánea de muchas personas.
No existen recetas o manuales para estar al lado de un paciente moribundo, pero lo que si puede ser siempre efectivo es el acompañamiento con respeto a su persona, a sus necesidades, a la experiencia. Estar abierto a las circunstancias especificas del momento con disponibilidad, saber que la muerte al igual que la vida es algo muy personal.
No olvidar que para el paciente moribundo, lo más importante es asegurarle, una ausencia de soledad.
Dr. Felipe Martínez Arronte.
Pregunta el Dr. Virah Sawmy : ¿ Hay una vida después de la muerte?
Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha tomado conciencia de que la muerte física por la putrefacción de los elementos materiales, no podía ser en sí el fin de un ser querido ,y no deja de interrogarse sobre un subsiguiente acontecer.¿ Nos perdemos pura y simplemente en la nada, o bien entramos en otro Universo?. ¿Tenemos un alma arropada en la carne, que traduce nuestros pensamientos, nuestras reacciones fisiológicas y psíquicas durante nuestra vida terrestre?.
El hombre rechaza la nada, desea " prolongarse " y, por qué no
, desea " perfeccionarse " en el más allá.
Esta evolución, más que conducirnos a la felicidad eterna, desemboca, piensa
uno, en un verdadero renacimiento "
Desde la década de los sesenta a la fecha , nos hemos ido acostumbrando a administrar,consciente y voluntariamente los efectos causados por la muerte de un ser humano .
La Dra. Elizabeth Kübler Roos, incursionaba entonces en esta ciencia-profesión, y aportaba al área de la salud sus observaciones ,resumiendo en 5 principales fases el proceso del Duelo , negación , depresión , cólera , reajuste y aceptación
Elizabeth Kübler-Ross
"La muerte no existe en el sentido de su definición tradicional.
E. Kübler-Ross
En 1974, durante seis meses estuve trabajando hasta altas horas de la noche en mi cuarto libro, "La muerte: un amanecer." A juzgar por el título, se podría pensar que ya tenía todas las respuestas sobre la muerte. Pero el día en que lo terminé, el 12 de septiembre, falleció mi madre en la residencia suiza donde había pasado sus cuatro últimos años. Entonces me encontré preguntándole a Dios,¿ por qué había convertido en vegetal a esa mujer que durante ochenta y un años no había hecho otra cosa que dar amor, cobijo y afecto?, y ¿por qué la había mantenido en ese estado tanto tiempo?. Incluso durante el funeral lo maldije por Su crueldad.
Después, por increíble que parezca, cambié de opinión y Le agradecí Su generosidad. Parece cosa de locos, ¿verdad? A mí también me lo parecía, hasta que comprendí que la última lección que había tenido que aprender mi madre era recibir afecto y cuidados, algo para lo cual jamás estuvo dotada. Desde entonces he alabado a Dios por enseñarle eso en sólo cuatro años; es decir, podría haber tardado mucho más tiempo.
El verdadero problema, es que no tenemos una auténtica definición de la muerte.
Desde la época de los hombres de las cavernas, nadie había logrado encontrar una definición exacta de la muerte. Yo me preguntaba qué les ocurría a mis hermosos enfermos, que podían decir tantas cosas un día y al día siguiente ya no estaban.
¿Adónde se va la Vida? Si no está aquí, ¿dónde está?
Comencé a intentar definir la muerte. Me abrí a todas las posibilidades, incluso a algunas tonterías que decían mis hijos en la mesa. Jamás les oculté en qué consistía mi trabajo, lo cual nos era útil a todos. Contemplando a mis hijos llegué a la conclusión de que el nacimiento y la muerte son experiencias similares, cada una, el inicio de un viaje. Pero después llegaría a la conclusión de que la muerte es la más agradable de esas dos experiencias, mucho más apacible. Nuestro mundo estaba lleno de , SIDA, cáncer y cosas de esas.
Observé que poco antes de morir, los enfermos se relajaban, incluso los que se habían rebelado contra la muerte. Otros al acercarse su final, parecían tener experiencias muy claras con seres queridos ya muertos, y hablaban con personas a las que yo no veía. Prácticamente en todos los casos, la muerte venía precedida por una singular serenidad.
¿Y después? Ésa era la pregunta que quería contestar.
Sólo podía juzgar basándome en mis observaciones. Y una vez que morían, yo no sentía nada, ya no estaban. Un día podía hablar y tocar a una persona y a la mañana siguiente ya no estaba ahí. Estaba su cuerpo sí, pero era como tocar un trozo de madera. Faltaba algo, algo casi físico, La Vida.
Pero ¿en qué forma se va la Vida? ¿Adónde se va, si es que se va a alguna parte? ¿Qué experimenta la persona en el momento de morir?
Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas:
Primera fase: En ésta fase las personas salían flotando de
sus cuerpos. Ya fuera que hubieran muerto en la mesa del quirófano, en
accidente de coche o por suicidio, todas decían haber estado totalmente
conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos. La persona salía volando
como la mariposa que sale de su capullo, y adoptaba una forma etérea; sabía lo
que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, contaba el número
de médicos que estaban intentando reanimarla, o veía los esfuerzos del equipo
de rescate para sacarla de entre las partes comprimidas del coche. Un hombre
dijo el número de matrícula del vehículo que chocó contra el suyo y después
huyó. Otros contaban lo que habían dicho los familiares que estaban reunidos
alrededor de sus camas en el momento de la muerte.
En esta primera fase experimentaban también la salud total; por ejemplo,
una persona que estaba ciega volvía a ver, una persona paralítica podía moverse
alegremente sin dificultad. Una mujer contó que había disfrutado tanto bailando
junto al techo de la habitación del hospital que se deprimió cuando tuvo que
volver. En realidad, de lo único de que se quejaban las personas con quienes
hablé era de no haber continuado muertas.
Segunda fase: Las personas que ya habían salido de sus
cuerpos decían haberse encontrado en un estado después de la muerte que sólo se
puede definir como espíritu y energía. Las consolaba descubrir que ningún ser
humano muere solo. Fuera cual fuese el lugar o la forma en que habían muerto,
eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. Algunas,
al pensar en lo apenados que se iban a sentir sus familiares por su muerte, en
un instante se desplazaban al lugar donde estaban éstos, aunque fuera al otro
lado del mundo. Otros recordaban que mientras los llevaban en ambulancia habían
visitado a amigos en sus lugares de trabajo.
Me pareció que esta fase es la más consoladora para las personas que lloran la muerte de un ser querido, sobre todo cuando éste ha tenido una muerte trágica y repentina. Cuando una persona se va marchitando poco a poco durante un período largo de tiempo, enferma de cáncer, por ejemplo, todos, tanto el enfermo como sus familiares, tienen tiempo para prepararse para su muerte. Cuando la persona muere en un accidente de avión no es tan fácil. La persona que muere está tan confundida como sus familiares, y en esta fase tiene tiempo para comprender lo ocurrido. Por ejemplo, estoy segura que aquellos que murieron en el vuelo 800 de la TWA estuvieron junto a sus familiares en el servicio fúnebre que se celebró en la playa.
Todas las personas entrevistadas, recordaban que en esta fase se encontraban también con sus ángeles guardianes, o guías, o compañeros de juego, como los llamaban los niños. Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que las consolaban con amor y las llevaban a la presencia de familiares o amigos muertos anteriormente. Lo recordaban como momentos de alegre reunión, conversación, puesta al día y abrazos.
Tercera fase:
Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes, por ejemplo un puente, un paso de montaña, un hermoso riachuelo, en fin, lo que a ellas les resultaba más agradable; lo creaban con su energía psíquica. Al final veían una luz brillante.
Cuando su guía las acercaba más a la luz, veían que ésta irradiaba un intenso y agradable calor, energía y espíritu, de una fuerza arrolladora. Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad ,y la expectación de llegar por fin a casa. La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo. Algunos la llamaban Dios, otros decían que era Cristo o Buda. Pero todos estaban de acuerdo en una cosa: se hallaban envueltos por un amor arrollador, la forma más pura de amor, el amor incondicional.
Después de escuchar a millares y millares de personas explicar este mismo viaje, comprendí por qué ninguna quería volver a su cuerpo físico. Pero estas personas que volvieron decían que esa experiencia había influido profundamente en sus Vidas.
Algunas habían recibido un gran conocimiento, algunas habían vuelto con advertencias proféticas, otras con nuevas percepciones. Pero todas habían hecho el mismo descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la Vida, y ésa es el amor.
Cuarta fase:
Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema. Algunos la llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso. Aquellos que se materializaban en esta fase ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una Vida y otra y cuando han completado su destino. Experimentaban la unicidad, la totalidad o integración de la existencia.
En ese estado la persona hacía una revisión de su Vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos ,y veía de que modo estos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos; veía cómo podría haber sido su Vida, toda la capacidad en potencia que poseía.
Se le hacía ver que las Vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas, que todo pensamiento o acto tiene repercusiones en todos los demás seres vivos del planeta, a modo de reacción en cadena.
Mi interpretación fue que esto sería el cielo o el infierno, o tal vez ambos.
El mayor regalo que hizo Dios al hombre es el libre albedrío. Pero esta libertad exige responsabilidad, la responsabilidad de elegir lo correcto, lo mejor, lo más considerado y respetuoso, de tomar decisiones que beneficien al mundo, que mejoren la humanidad. En esta fase se les preguntaba a las personas: "¿Qué servicio has prestado?"
Ésa era la pregunta más difícil de contestar; les exigía repasar las elecciones y decisiones que habían tomado en la Vida para ver si habían sido las mejores. Ahí descubrían si habían aprendido o no las lecciones que debían aprender, de las cuales la principal y definitiva es el amor incondicional.
La conclusión básica que saqué de todo esto, y que no ha cambiado, es que todos los seres humanos, al margen de nuestra nacionalidad, riqueza o pobreza, tenemos necesidades, deseos y preocupaciones similares. En realidad, nunca he conocido a nadie cuya mayor necesidad no sea el amor.
El verdadero amor incondicional.
Éste se puede encontrar en el matrimonio o en un simple acto de amabilidad hacia alguien que necesita ayuda. No hay forma de confundir el amor, se siente en el corazón; es la fibra común de la Vida, la llama que nos calienta el alma, que da energía a nuestro espíritu y da pasión a nuestra Vida.
El amor es nuestra conexión con Dios y con los demás.
Toda persona pasa por dificultades en su Vida. Algunas son grandes y otras no parecen tan importantes, pero son las lecciones que hemos de aprender. Eso lo hacemos eligiendo. Yo digo que para llevar una buena Vida y asi tener una buena muerte, hemos de tomar nuestras decisiones teniendo por objetivo el amor incondicional y preguntándonos: "¿Qué servicio voy a prestar con esto?"
Dios nos ha dado la libertad de elegir; la libertad de desarrollarnos, crecer y amar.
La Vida es una responsabilidad.
En definitiva, cada persona elige si sale de la dificultad aplastada o perfeccionada.
Del libro "La Rueda de la vida"
Desde la época en que fue escrito ese libro hasta la fecha , muchas personas se han sumado a la tarea de mejor comprender y paliar el efecto de dicha transición.
La Unidad de Servicio a través de este Curso, hará un mayor hincapié sobre la Causa que el Efecto , dando las pautas tendientes a esclarecer más el acto de la muerte en sí, a través de su aceptación, comprensión y manejo conciente del mismo, que el de administrar los efectos de la muerte en el paciente y en su entorno familiar.
De todas maneras , este propósito no nos apartó de la consideración general del tema " cuidados paliativos ", por lo que también tuvimos que incursionar en los aspectos, que consideramos como "Académicos" , y que son los que viven a diario todos las personas, ya sean profesionales o no, que se encuentran en el entorno del paciente terminal, siendo los aspectos que más se destacaron , los siguientes:
Fueron muchos temas y difíciles de sintetizar , pero sin dudas se
necesitó valor para enfrentar la realidad de la muerte, y para presentar en
forma muy definida nuestras creencias sobre el tema
La muerte es el único hecho que podemos predecir con absoluta seguridad, y sin
embargo la mayoría de los seres humanos, se rehúsa a considerarlo, hasta que lo
enfrenta de modo inminente y personal.
Un concepto que deberá ser bien comprendido , es que la muerte es solo un
intervalo en una vida de progresiva acumulación de experiencias , e indica una
transición definida de un estado de conciencia a otro
Se está probando constantemente , que algo sobrevive al proceso de la
muerte y persiste después de la desintegración del cuerpo físico.
Si esto no es verdad, entonces somos víctimas de una alucinación
colectiva, y engañan, están enfermos y pervertidos los cerebros y la mente de
millones de personas.
Tal gigantesca locura colectiva es más difícil de creer que la alternativa de una
expansión de conciencia.
La muerte para el hombre medio es un fin desastroso , pues implica la
terminación de todas las relaciones humanas, la cesación de toda actividad
física, la ruptura de todos los signos de amor y afecto, y el tránsito ( involuntario
y disconforme ) a lo desconocido y temido.
Las personas olvidan que por lo general, todas las noches, durante las
horas de sueño, morimos en lo que respecta al plano físico, y vivimos y
actuamos en otro lugar, si bien todavía no estamos entrenados para conservar en
la conciencia del cerebro físico , los recuerdos de esa pequeña muerte, solemos
traer fragmentos que al no poder unir , pierden mucho de su significado.
La Tanatología trata principalmente sobre la ayuda a brindar al paciente
terminal en sus últimos días, intentando de que estos transcurran de la forma
más tranquila posible
Una de las maneras de ahuyentar los temores que sobrevienen en esas etapas, es
desmistificando la idea de la muerte, pues está comprobado científicamente, que
las personas que más contacto tienen con estos temas, ya sea en un nivel
intelectual, o a través de su participación en alguna fe religiosa, aceptan
mejor el hecho del pasaje a otro nivel de vida.
Por lo tanto uno de los principales objetivos del Tanatólogo , deberá ser
el ayudar al paciente a obtener una visión feliz, sana y esperanzada , acerca
de su futuro.
Usaremos el término de paciente terminal en general , definiendo así a la persona que necesita ayuda para realizar en paz la transición hacia su próximo estado de conciencia ,que vulgarmente se le conoce como Muerte, sin diferenciar si esa persona padece alguna dolencia física en particular o simplemente está sobrellevando una vejez y muerte natural, si bien no ignoramos que son dos situaciones muy diferentes,razón por la cual, al final de este trabajo, encontrarán una definición más precisa
Mucha de la tranquilidad que podamos transmitirle al paciente, va a
depender del manejo que hagamos con su entorno familiar .
Entorno éste, que va a estar comprometido emocionalmente con la situación, por
lo cual no se va a poder razonar mucho con él, y a medida que vaya
transcurriendo el tiempo y se empiece a agotar física y anímicamente, quizás
será menor la chance de comunicación.
El paciente que hoy termina sus días , supo ser en su momento la columna vertebral de su familia, el sostén físico , moral , económico, el que siempre aportaba las soluciones requeridas, y hoy no sólo no resuelve problemas sino que los crea , y los crea de toda índole, pues no simplemente los va a afectar con sus requerimientos personales, sino que a su vez oficiará de espejo, de lo que sobrevendrá al resto de la familia, en un futuro, que podrá ser lejano o no.
Si bien el paciente está realizando la experiencia directa, de entrar y salir del mundo astral, (definición popularizada del próximo estado de conciencia al que se accede después de la muerte ), generalmente no entiende lo que le está sucediendo y está confundido, por lo que será necesario tener siempre a mano respuestas claras y convincentes, no olviden que tal vez no pueda explicar con palabras lo que está viviendo, pero eso no quita que lo esté experimentando de verdad, lo que lo convierte en la mayoría de los casos, en el maestro que nos puede enseñar cosas de otras realidades, a las cuales generalmente no podemos acceder.
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