APUNTE II
En vista de la abstrusa naturaleza de los temas de que
tratamos, el presente estudio empezará con la explicación de algunos puntos que
quedaron oscuros en el anterior, así como con algunas aclaraciones definitivas
de lo que tenía apariencia de contradicción.
Los astrólogos, de los cuales hay muchos entre los
esoteristas, es probable se encuentren suspensos ante algunas afirmaciones
completamente contraria a sus enseñanzas; mientras los desconocedores de la
materia tal vez se encuentren por de pronto combatidos por quienes hayan
estudiado los sistemas esotéricos de la Cábala y la Astrología. Porque téngase presente que nada de lo que
se imprima para todo el mundo y lo que el estudiante pueda leer y observar en
las bibliotecas y museos públicos, es verdaderamente esotérico; sino que está
encubierto de propósito con intencionados “velos”, o por lo menos no puede
estudiarse ni comprenderse provechosamente, sin un completo glosario de
términos ocultos.
Por lo tanto, las siguientes enseñanzas explicativas pueden
ser de utilidad a los estudiantes, ayudándoles para la mejor comprensión del
estudio precedente.
En el diagrama I,
se ha de observar que los 3, 7 y 10 centros son, respectivamente, como sigue:
1º El 3 corresponde
al mundo espiritual de lo Absoluto, y por lo tanto, a los tres principios
superiores del hombre.
2º El 7 corresponde
a los mundos espiritual, psíquico y físico y al cuerpo del hombre. Lo físico,
lo metafísico y lo hiperfísico constituyen la simbólica tríada del hombre en
este plano.
3º El diez, o suma
de 3 + 7, es el conjunto del Universo, en todos sus aspectos, así como de su
microcosmos, o sea el hombre con sus diez orificios.
Prescindiendo por de pronto de la década superior (el
Kosmos) y de la década inferior (el Hombre), de los tres primeros números de la
separada septena se refieren directamente al espíritu, alma y envoltura áurica
del ser humano, así como también al elevado mundo suprasensorio. Los cuatro
números inferiores, o los cuatro aspectos, corresponden también al hombre, así
como también al Kosmos, y su conjunto está sintetizado en lo Absoluto.
Si con arreglo a la simbología de todas las religiones
orientales concebimos estos tres grados distributivos de existencia contenidos
en un Huevo, llamaremos a ese Huevo, Svabhâvat, o el SER-TODO, en el plano
manifestado. Verdaderamente no tiene este Universo ni centro ni periferia; pero
en la individualizada y finita mente del hombre, sí los tiene, como natural
consecuencia de las limitaciones del pensamiento humano.
En el diagrama II,
como allí se advierte, no necesitamos detenernos en los números de la columna
izquierda, pues no son los números característicos de los principios humanos o
de los planetas, sino que se refieren únicamente a las jerarquías de colores y sonidos
en el plano metafísico. Los principios humanos no admiten numeración, porque
todos los hombres difieren entre sí, de la propia suerte que tampoco hay en la
tierra dos briznas de hierba absolutamente idénticas. La numeración es aquí
asunto de progreso espiritual y del natural predominio de un principio sobre
otro.
En un hombre puede tener el Buddhi el número
uno; mientras que en otro, por ejemplo, un sensualista bestial, lo tendrá el
Manas inferior. El cuerpo físico, o acaso Prâna, el principio de la vida,
predominará y ocupará el primer lugar o plano, en quien goce de robusta salud y
rebose vitalidad; pero en otros casos dicho principio ocupará el ínfimo lugar.
Además, los colores y metales correspondientes a los planetas y principios
humanos, según puede observarse, no son los que conocen exotéricamente los
modernos astrólogos y ocultistas occidentales.
Veamos de dónde los modernos astrólogos adquirieron sus
nociones acerca de la correspondencia entre planetas, metales y colores. Y aquí
nos acordamos de un orientalista moderno que, juzgando por las apariencias,
atribuía a los antiguos acadianos, caldeos, indos y egipcios, la grosera
creencia de que el Universo, y lo mismo la Tierra, tenían la forma de una taza
puesta boca abajo. Así lo infería dicho orientalista de las simbólicas
representaciones de algunas inscripciones acadianas y de las esculturas
asirias. Sin embargo, no debemos explicar aquí por qué se equivocó el
asiriólogo; pues todas las mencionadas representaciones son meramente símbolos
del Khargakkurra, la Montaña del
Mundo, o Monte Meru, y se refieren tan sólo al polo Norte, la tierra de los
dioses (véanse los Vol. I y III). Los
asirios exponían como sigue sus enseñanzas exotéricas
acerca de los planetas y sus correspondencias:
NÚMS. PLANETAS METALES COLORES DÍAS DE LA
SEMANA
1 Saturno Plomo Negro Sáb.
De (aquí el sabbath, en honor
de Jehovah).
2 Júpiter
Estaño Blanco. A veces Jueves
púrpura o anaranjado
3 Marte
Hierro Rojo Martes
4 Sol Oro Amarillo oro Domingo
5 Venus Cobre Verde o amarillo Viernes
6 Mercurio
Mercurio Azul Miércoles
7 Luna Plata Blanco
plata Lunes
Éste es el ordenamiento adoptado hoy por los astrólogos
cristianos, con excepción del de los días de la semana, de los que han hecho un
deplorable revoltijo al juntar los nombres planetarios solares con las semanas
lunares, según se dijo en el Apunte I. Éste es el sistema geocéntrico de
Ptolomeo, que representa el Universo según el siguiente diagrama, con la Tierra
en el centro y el Sol en el cuarto lugar de los planetas.
Y si diariamente se nos ofrecen
pruebas de que la cronología cristiana y el orden de los días de la semana
están basados en un error astronómico, ya es tiempo de empezar a reformar la
Astrología, que ha llegado a nosotros fundada sobre cimientos un tanto
equivocados procedentes de las exotéricas plebes de Caldea y Asiria.
Pero las correspondencias dadas en estos apuntes son
puramente esotéricas. De ello se infiere que cuando los planetas de nuestro
sistema solar se designan o simbolizan como en el diagrama II, no debe suponerse que se refieran estos nombres a los
mismos cuerpos planetarios, sino a los tipos, en un plano puramente físico, de
la septenaria naturaleza de los mundos psíquico y espiritual. Un planeta
material sólo puede corresponderse con una cosa también material.
Así, cuando se dice que Mercurio corresponde al ojo
derecho, no significa que el planeta objetivo tenga influencia alguna en este
órgano visual, sino que el planeta y el órgano se
corresponden místicamente por mediación de Buddhi. El hombre deriva su Alma
espiritual (Buddhi) de la esencia de los Mânasa Putra o Hijos de Sabiduría, que
son los divinos seres o ángeles, que gobiernan y presiden sobre el planeta
Mercurio.
De
la misma manera se indican en correspondencia Venus, Manas y el ojo izquierdo.
Exotéricamente no hay tal relación entre los ojos físicos y los planetas
físicos; pero la hay esotéricamente; porque el ojo derecho es el “Ojo
de la Sabiduría”, es decir, que se corresponde magnéticamente con el oculto
centro cerebral a que llamamos (1) el “tercer
ojo”, mientras que el izquierdo se
corresponde con el cerebro intelectivo, o sea con aquellas células que en el
plano físico sirven de órgano a las facultades del pensamiento. Así lo indica
el cabalístico triángulo de Kether, Chokmah y Binah. Chokmad y Binah, la
Sabiduría y la Inteligencia, el Padre y la Madre, o también el Padre y el Hijo,
están en el mismo plano y reaccionan uno sobre otro.
Cuando la
conciencia individual se dirige hacia dentro, sobreviene la conjunción de Manas
y Buddhi. Esta conjunción es permanente en el hombre espiritualmente
regenerado, pues el Manas Superior se adhiere a Buddhi más allá del dintel del
Devachan; y entonces se dice que el alma, o mejor dicho, el espíritu (que no
debemos confundir con Âtmâ o el Superespíritu), se dice entonces que posee el “Ojo
Único”. En otras palabras, esotéricamente, El “Tercer Ojo” es activo. Mercurio
lleva también el nombre de Hermes, y Venus el de Afrodita, y su conjunción en
el hombre psico-físico le da, por lo tanto, el nombre de hermafrodita, o
andrógino. Sin embargo, el hombre estrictamente espiritual está completamente
desligado del sexo.
El hombre espiritual se corresponde
directamente con los superiores “círculos coloreados”, o divino espectro
dimanante del blanco e infinito Círculo Único; mientras que el hombre físico procede de los Sephiroth, llamados las Voces o Sonidos en la
filosofía oriental. Estas “Voces” son inferiores a los “Colores”, pues equivalen a los siete Sephiroth llamados Voces o Sonidos en la
filosofía oriental. Estas “Voces” son inferiores a los
“Colores”, pues equivalen a los siete menores o sonidos objetivos que se ven y
no se oyen, según indican el Zohar (2)
y aun el Antiguo Testamento (3).
De la propia suerte se dice que las ventanas de la nariz por
donde se inspira el “Hálito de la Vida” (4), corresponden al Sol la derecha y a
la Luna la izquierda, porque Brahmâ-Prajâpati y Vach, u Osiris e Isis, son los
padres de la vida natural. El cuaternario formado por los ojos y las ventanas
de la nariz (Mercurio-Venus y Sol-Luna), son para los cabalistas los ángeles
que guardan los cuatro extremos de la Tierra. Lo mismo dice la filosofía
esotérica de Oriente, con añadidura de que el Sol no es un planeta, sino el
astro central de nuestro sistema, y que la Luna es un planeta muerto, del que
se han desprendido todos los principios.
El Sol representa, según el esoterismo
oriental, a un planeta invisible que se halla entre Mercurio y el Sol; y la
Luna a otro planeta que parece haber ahora desaparecido de la vista. Estos son
los cuatro mâharâjâs (5) los “Cuatro Santos Seres” relacionados con Karma y con
la Humanidad, con el Kosmos y el Hombre, en todos sus aspectos. Son ellos: El
Sol (o su substituto Miguel); la Luna (o su substituto Gabriel); Mercurio
(Rafael); y venus (Uriel). No necesitamos repetir que los mundos planetarios
son tan sólo símbolos físicos, y el sistema esotérico casi nunca se refiere a
ellos, sino que en dichos nombres simboliza sus fuerzas cósmicas, psíquicas,
físicas y espirituales. En resumen, los siete planetas físicos son los
Sephiroth inferiores de la Kabalah; y
nuestro trino Sol físico, del que únicamente vemos el reflejo, está
simbolizado, o mejor dicho, personificado por la Tríada Superior o Corona
Sephirotahl (6).
Conviene indicar, además, que los números adscritos a los
principios físicos en el diagrama I, aparecen inversamente en las obras
exotéricas, porque el orden depende de la escuela a que pertenece el autor.
Unas escuelas cuentan tres, otras cuatro, algunas seis y a veces siete, como
los buddhistas esotéricos. Según hemos dicho (7), la escuela esotérica quedó
dividida en dos ramas desde el siglo XIV; una para los discípulos más
aventajados o lanus itnernos, y la otra para los discípulos laicos. El señor
Sinnet recibió cartas de un gurú advirtiéndole que no se le podría instruir en
la verdadera doctrina esotérica, únicamente comunicada a los juramentados
discípulos del círculo interno. (Véase The Mahâtmâ Letters to A.
P. Sinnett, pág. 494).
Los números y principios
no están sobrepuestos como las capas de una cebolla; sino que el estudiante
debe apreciar por sí mismo el número adecuado a cada uno de sus principios,
cuando llegue la ocasión de estudiar prácticamente. Lo expuesto sugerirá al
estudiante la necesidad de conocer los principios por sus nombres y sus
respectivas facultades, independientemente de todo sistema numeral, y por su
relación con los centros de acciones, colores, sonidos, etc., hasta que estos
lleguen a ser inseparables.
El antiguo y ya familiar método de enumerar los principios,
que se expuso en The Theosophist y en el Buddhismo Esotérico, determinan otra
aparente y embarazosa contradicción, aunque en realidad no lo sea en modo alguno.
Los principios números 3 y 2 (Linga Sharîra y
Prâna o Jîva) aparecen en dicho método inversamente a como los da el diagrama
I, que da el orden esotérico, según el cual, el Linga Sharîra es el vehículo de
Prâna o jîva (el principio vital), y por lo tanto, ha de ser necesariamente
inferior a Prâna, y no superior como supone la anterior numeración exotérica.
Los principios no están superpuestos, y así no pueden numerarse
correlativamente; su orden depende del predominio de unos u otros, y difiere,
por consiguiente, en cada individuo.
El Ling Sharîra es el antetipo protoplásmico, o doble, del
cuerpo físico, que es su imagen. En tal concepto le llama el diagrama II
progenitor del cuerpo físico, es decir la madre fecundada por Prâna, el padre.
La mitología egipcia simbolizaba esta idea en el nacimiento de Horus, el hijo
de Osiris e Isis; aunque, como todos los mitos sagrados, tenga a la vez una
triple significación espiritual y una séptuple significación psiquicofísica.
Para terminar, podemos decir, en rigor de verdad, que Prâna, el principio
vital, no tiene número, puesto que compenetra a todos los demás principios, o
al total humano. Así es que cada uno de los siete números puede aplicarse
exotéricamente a Prâna-Jîva, como se aplican esotéricamente al cuerpo áurico. Según indicaba
Pitágoras, el Kosmos no fue formado por
el número o por medio del número,
sino geométricamente, es decir, según las proporciones numéricas.
A quienes desconozcan las
exotéricas naturalezas astrológicas atribuidas en la práctica a los cuerpos
planetarios, podrá serles útil que las expongamos aquí, al modo del diagrama II, en relación con su predominio en el cuerpo
humano, colores, metales, etc.; explicando al mismo tiempo por qué la filosofía
genuina esotérica difiere de las pretensiones astrológicas.
PLANETAS
DÍAS METALES PARTES DEL CUERPO COLORES
Saturno Sábado Plomo Oreja derecha, rodillas y sistema
óseo Negro (8)
Júpiter
Jueves Estaño Oreja izquierda, muslos, pies y
sistema arterial Púrpura
(9)
Marte Martes Hierro Frente, nariz, cráneo, función
sexual y
sistema muscular Rojo
Sol Domingo Oro Ojo derecho, corazón y entrañas
vitales Anaranjado (10)
Venus Viernes Cobre Barbilla, mejillas, cuello, riñones
y Amarillo
(11)
Sistema venoso
Mercurio Miércoles Mercurio Boca, manos, vísceras, abdominales
y
Sistema nervioso Crema (12)
Luna Lunes Plata Pecho, ojo izquierdo y sistema
fluido
(saliva, linfa, etc.) Blanco (13)
Vemos, por lo tanto, que la influencia del sistema solar en
la exotérica Astrología cabalística, queda distribuida por este método entre
todo el cuerpo humano, los metales primarios y la escala cromática, desde el
blanco al negro; pero el esoterismo no reconoce como colores ni el blanco ni el
negro, pues se atiene estrictamente a los siete colores solares naturales del espectro.
El blanco y el negro son tintes
artificiales. Pertenecen a la tierra, y únicamente los percibimos gracias a la
especial construcción de nuestros órganos físicos. El blanco es la carencia de
todos los colores, y por lo tanto, no es color. El negro es sencillamente la
carencia de luz, y por lo tanto, es el aspecto negativo del blanco.
Los siete colores del espectro son
emanaciones directas de las siete Jerarquías de Seres, cada una de las cuales
tiene una directa influencia y relación con uno de los principios humanos,
puesto que cada una de estas Jerarquías es, en realidad, originaria y creadora
fuente del respectivo principio humano.
A cada color del espectro se le llama
en ocultismo el “Padre del Sonido” que le corresponde; y el sonido a su vez es la Palabra o Logos, de su Pensamiento-Padre. Ésta es la razón del por qué los sensitivos relacionan cada color con un
sonido determinado, según admite ya la ciencia moderna (14). Pero el negro y el blanco son colores negativos, y no tienen representación
en el mundo subjetivo.
La Astrología cabalística define como sigue la influencia
predominante de los cuerpos planetarios en el cerebro humano. Hay, según dice,
siete grupos primarios de facultades, de los que seis funcionan por medio del
cerebro, y el séptimo por el cerebelo. Esto es correctamente esotérico.
Pero no lo es cuando dice que Saturno preside
las facultades afectivas, Mercurio las intelectuales, Júpiter las simpáticas,
el Sol las reguladoras, Marte las egoístas, Venus las tenaces y la Luna las
instintivas. Porque, en primer lugar,
los planetas físicos tan sólo pueden presidir sobre el cuerpo físico y las
funciones meramente físicas.
Todas las facultades mentales, emotivas,
psíquicas y espirituales son influidas por las ocultas propiedades de la escala
de causas dimanantes de las Jerarquías de los Espíritus Gobernadores de los
planetas; pero no por los mismos planetas.
Esta escala, según queda expuesta en
el diagrama II, conduce al estudiante a la percepción de: 1º El color; 2º El sonido; 3º El sonido
se materializa en el espíritu de los metales (los elementales metálicos);
4º Los elementales se materializan en
los metales físicos, 5º La esencia
armónica vibratoria y radiante pasa luego a las plantas para darles color y
aroma, cuyas “propiedades” dependen de la vibración de esta energía por unidad
de tiempo; 6º De las plantas pasa a los
animales; 7º Culmina finalmente en los
“principios” del hombre.
Así
vemos que la Divina Esencia de nuestros celestiales Progenitores, atraviesa las
siete etapas comprensivas de la transmutación del espíritu en materia y de la
reconversión de la materia en espíritu. Así como en la Naturaleza hay sonidos
inaudibles, así hay colores invisibles, pero sin
embargo audibles.
La fuerza creadora, en su incesante trabajo de transformación, produce
colores, sonidos y números, en forma de gradaciones vibratorias que agregan y
disgregan átomos y moléculas.
Aunque
invisible e inaudible para nosotros en pormenor, podemos oír la síntesis del
conjunto en el plano material.
Esto es lo que los chinos llaman Kung o “el gran Tono”. Según confesión
de la misma ciencia, los músicos afirman que la actual tónica del mundo físico
es el fa medio del piano. Lo oímos distintamente en
las voces de la Naturaleza, en los rumores del océano, en los murmullos de la
selva, en el lejano bullicio de las ciudades, en el viento, en la tormenta, y
en todo cuanto suena y resuena en este mundo. A los oídos de quien escucha
llegan todas estas voces en definido tono de inapreciable diapasón, que, como
hemos dicho, es el fa de la escala diatónica. Estos
pormenores descubrirán al estudiante de ocultismo la diferencia que existe
entre las nomenclaturas y simbolismos exotéricos y esotéricos.
En resumen, la Astrología cabalística, tal como se
practica en Europa, es la ciencia semisecreta adaptada al círculo externo, pero
no al interno. Además, se la deja frecuentemente incompleta o se la extravía de
intento para encubrir la verdad. Mientras que la Astrología cabalística
simboliza y adapta sus correspondencias al aparente aspecto de las cosas, la
Filosofía esotérica, que trata preeminentemente de la esencia de las cosas,
acepta dichos símbolos con el exclusivo fin de abarcar el conjunto, y ofrece un
significado a la vez espiritual, psíquico y físico.
Sin embargo, aun la misma
Astrología occidental ha realizado excelente labor al coadyuvar al
mantenimiento de una Doctrina Secreta entre los peligros medievales y su
tenebrosa mojigatería, conservándola hasta nuestro tiempo, en que se ha
desvanecido ya todo peligro.
Exotéricamente se
enumeran los planetas por el orden de sus radios geocéntricos, o sea de su
distancia desde la Tierra considerada como centro, conviene a saber: Saturno,
Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna.
En los tres primeros vemos simbolizada la
celestial tríada (Brahmâ, Vishnu y Shiva) del supremo poder en el manifestado
universo físico; mientras que los otros cuatro simbolizan el terrenal
cuaternario que preside sobre las naturales y físicas etapas de las estaciones
del año, partes del día, edades de la vida, puntos cardinales y elementos, como
sigue:
Primavera.
Verano. Otoño. Invierno.
Mañana. Mediodía. Tarde. Noche.
Juventud. Adolescencia. Virilidad. Vejez.
Fuego. Aire Agua. Tierra
Oriente. Sur Occidente. Norte
Pero la ciencia esotérica no se satisface con analogías en
el plano puramente objetivo de los sentidos físicos; y por lo tanto, es de
absoluta necesidad dar más amplias enseñanzas sobre este punto, explicando con
toda lucidez el verdadero significado de la palabra magia.
LO QUE
EN REALIDAD ES
LA MAGIA
La ciencia esotérica
es, ante todo, el conocimiento de nuestras relaciones con la magia divina (15),
inseparable de nuestros divinos Yoes
(16).
Por lo tanto, antes de
explicar y poner ejemplos de estas relaciones tal vez sea conveniente dar al
estudiante idea exacta del pleno significado de la tan tergiversada palabra
"“Magia"”
Muchos son los que
ardientemente ansían estudiar ocultismo, pero muy pocos los que tienen idea, ni
siquiera aproximada, de la ciencia oculta. Ahora bien; escasos estudiantes
europeos o americanos pueden allegar provecho de las obras sánscritas ni aun de
sus traducciones, que en su mayor parte son velos para los no iniciados. Por lo
tanto, me propongo ofrecer a su atención demostraciones extraídas de las obras
neoplatónicas cuya traducción es accesible; y a fin de esclarecer lo hasta aquí
oscuro, bastará poner en ello determinada clave. De esta manera podrán servir
admirablemente a nuestro propósito ambas gnosis, precristiana y postcristiana.
Millones de cristianos conocen el nombre de Simón el Mago y
lo poco que de él se dice en los Hechos
de los Apóstoles; pero escasean los que han oído hablar de los confusos,
fantásticos y contradictorios pormenores, que de su vida recuerda la tradición.
La historia de sus pretensiones y de su muerte se halla tan sólo en los
tendenciosos y casi quiméricos relatos de los Padres de la Iglesia, como
Ireneo, Epifanio y Justino, y especialmente en el anónimo Philosophumena.
Sin embargo, Simón el
Mago es un personaje histórico; y el sobrenombre se lo dieron unánimemente
todos sus contemporáneos, incluso los caudillos de la Iglesia cristiana, en
significación de las taumatúrgicas facultades de que estaba dotado, sin
distinguir si era mago blanco o mago negro. Esta distinción la hicieron luego
en uno u otro sentido los cronistas, según se inclinaban al paganismo o al
cristianismo.
En el sistema de Simón
el Mago y de su discípulo y sucesor Menandro,
descubriremos lo que la palabra “Magia” significaba a la sazón para los
iniciados.
Simón, como todos los
demás gnósticos, enseñaba que nuestro mundo había sido formado por ángeles inferiores, a los que daba el nombre de
Eones, de los cuales sólo menciona tres grados, porque, según antes dijimos,
era y es inútil enseñar nada de los cuatro superiores; y en consecuencia
empieza él en el plano de los globos A y G.
Su sistema se aproxima a
la verdad oculta tanto como otro cualquiera; de suerte que podemos examinarlo,
así como también los conceptos que él y su discípulo Menandro tenían de la “Magia”, para ver qué significaban con esta
palabra. Según Simón, todo lo creado
culminaba en el Fuego. Era éste para él, como lo es para nosotros, el principio
universal, la infinita potencia emanada de la oculta Potencialidad.
El Fuego era la primitiva causa del manifestado mundo de la
existencia y tenía un dual aspecto, manifestado y secreto.
El
aspecto secreto del Fuego está oculto en su aspecto objetivo, que del primero
dimana (17).
Así escribe Simón; lo que equivale a decir que lo visible
está siempre presente en lo invisible, y lo invisible en lo visible. Esto era
sólo nueva forma de la idea expuesta por Platón acerca de lo inteligible (noêton) y lo sensible (aisthêton), así como de las enseñanzas
de Aristóteles sobre la potencia (dunamis)
y el acto (energeia). Según Simón,
era inteligencia todo aquello de que se podía pensar y todo aquello sobre que
se podía actuar. El Fuego lo contenía todo.
Y como todas las partes del Fuego estaban dotadas de inteligencia y razón, eran
susceptibles de desarrollo por emanación y extensión.
Ésta es precisamente
nuestra doctrina del Logos manifestado, y las partes primordialmente emanadas
son nuestros Dhyân Chohans, los “Hijos de la Llama y del Fuego”, o Eones
superiores. Este “Fuego” es el símbolo del activo y viviente aspecto de la
Naturaleza Divina. En él subyace la “infinita Potencialidad en la
Potencialidad”, que Simón llamaba lo “que existió, existe y existirá”, o la
estabilidad permanente y la inmutabilidad personificada.
De la Potencia Mental, la Divina Ideación se
concretaba en acción. De aquí que las series de emanaciones primordiales del
pensamiento engendran el acto, cuya madre es el aspecto objetivo del Fuego, y
cuyo padre es el aspecto oculto.
Simón llamaba sizigias
(unidades pares) a estas emanaciones, porque emanaban de dos en dos, una como
Eón activo y otra como Eón pasivo. Así emanaron tres pares (seis Eones en
total, que con el Fuego eran siete), a los cuales dio Simón los nombres
siguientes: “Mente y Pensamiento; Voz y Nombre; Razón y Reflexión” (18), siendo
el primero de cada par masculino, y el segundo femenino. De estos seis Eones
primordiales emanaban los seis del mundo intermedio. Pero veamos lo que dice el
mismo Simón:
Cada uno de estos seis primitivos seres, contenía
enteramente la infinita Potencia [de su Progenitor]; pero tan sólo en potencia
y no en acto. Aquella Potencia había de actualizarse de conformidad con una imagen, a fin de que se manifestase en
toda su esencia, virtud, grandeza y efectos; porque solamente entonces podría
la emanada Potencia ser igual a su progenitor, la eterna e infinita Potencia.
Por el contrario, si tan sólo hubiese permanecido potencialmente en las seis
Potencias, sin lograr actualizarse de conformidad con una imagen, entonces la
Potencia se hubiera perdido sin concretarse en acto (19).
Más claramente, se
hubiera atrofiado, empleando la expresión moderna.
Ahora bien; ¿dan estas palabras a entender otra cosa, sino
que para ser los Eones iguales en todo a la infinita Potencia, habían de
imitarla en su acción, y ser a su vez principios emanadores, como su
progenitor, para engendrar nuevos seres y transmutarse también en potencias
activas? El directo resultado de este poder es producir emanaciones, tener el
don de Kriyâshakti, cuyo efecto depende de nuestra propia acción. Por lo tanto,
este poder es inherente al hombre como lo es a los Eones primordiales y aun a
las secundarias emanaciones, puesto que así ellos como el hombre proceden del
único y Primordial Principio, de la Potencia Infinita. Vemos, pues, en el
sistema de Simón el Mago, que los seis primeros Eones, sintetizados por el
séptimo, la Potencia progenitora, se actualizan y emanan a su vez seis Eones
secundarios, sintetizados en sus respectivos progenitores. En el Philosophumena, compara Simón los Eones
al "“árbol de la Vida"” Y en la Revelación
(20), dice:
Se ha escrito que hay dos ramificaciones de los Eones
universales que no tienen principio ni fin, como dimanantes ambas de la misma
raíz, la invisible e incomprensible Potencialidad cuyo nombre es Sigê [el
Silencio]. Una de estas [series de Eones] procede de arriba. Es ésta la gran
Potencia, la Mente universal [la Ideación Divina o Mahat de los indos]. Es
masculina y regula todas las cosas. La otra procede de abajo. Es el gran
Pensamiento manifestado, el Eón femenino, engendrador de todas las cosas. Estas
[dos clases de eones] se corresponden (21) mutuamente, se conjuntan y
manifiestan a distancia media [la esfera o plano intermedio], el incoercible
Aire, que no tiene principio ni fin (22).
Este “Aire” femenino es nuestro éter o luz astral de los
cabalistas; y por lo tanto, corresponde al “Segundo Mundo” de Simón, nacido del
Fuego o principio de todas las cosas. Nosotros le llamamos la Vida Una, la
omnipresente, infinita, inteligente y divina Llama. En el sistema de Simón,
este Segundo Mundo estaba gobernado por una Potencia, a la par masculina y
femenina, activa y pasiva, buena y mala. De este Ser-Progenitor se dice que,
como la Potencia infinita y primordial, “existió, existe y existirá”, mientras
dure el Kosmos manifestado. Al emanar en
acto, semejante a su propio Progenitor no era dual o andrógino. Es el
Pensamiento (Sigê) que emanó de lo que llegó a ser como él mismo (el
Progenitor), convirtiéndose en semejante a su imagen (o antetipo); el segundo
fue entonces a su vez el primero (en su peculiar plano o esfera).
Como dice Simón:
Ello [el Padre] era uno; porque conteniéndole en sí mismo
[el Pensamiento], estaba solo. Sin embargo, no era el primero aunque fuese
preexistente; sino que manifestándose a sí mismo de sí mismo, llegó a ser el
segundo [o dual]. No fue llamado Padre hasta que [el Pensamiento] le dio este
nombre. Por lo tanto, desenvolviéndose de sí mismo por sí mismo, manifestóse a
sí mismo su propio Pensamiento, y así también el Pensamiento manifestado no se
actualizó, sino que vio al Padre (oculto) en él, esto es, a la Potencia oculta
(en sí misma).
Y la Potencia [Dumamis, o sea Nous] y el Pensamiento [Epinoia] son masculino-femenino; pero al
corresponderse recíprocamente -porque la Potencia en modo alguno difiere del
Pensamiento- son uno solo. Así en las cosas de arriba está la Potencia, y en
las de abajo el Pensamiento. Ocurre, por lo tanto, que si bien es uno lo
manifestado por ambos, aparece duple, pues el andrógino lleva en sí mismo el
elemento femenino. Así la Mente y el Pensamiento son inseparables uno de otro
por ser uno, aunque aparezcan en dualidad.
Él [Simón] llama Nous y Epinoia, Cielo y tierra a la primera
Sizigia de las seis Potencias, y de la séptima que sintetiza el par; el
elemento masculino mira abajo desde arriba y toma al pensamiento por su Sizigia
[o esposa], para que la tierra reciba los frutos intelectuales venidos del
cielo y consanguíneos de la tierra (23).
Análogamente es emanada la tercera serie de
seis Eones, con el séptimo, su Progenitor, que es el Tercer Mundo de Simón. En
todos los sistemas gnósticos resplandece este mismo concepto: el gradual
descenso en la Materia por semejanza. Esta es ley que se remonta al primordial
ocultismo, o magia. Para los gnósticos, como para nosotros, esa séptima
Potencia que a las seis sintetiza, es el espíritu que alienta sobre las
tenebrosas aguas del indiferenciado Espacio. Es el Nârâyana o Vishnu de los
indos, el Espíritu Santo de los cristianos.
Pero mientras que en este
último el concepto está condicionado y empequeñecido por limitaciones que
requieren fe y gracia, la filosofía oriental afirma que el Espíritu penetra a
todos los átomos conscientes o inconscientes. Ireneo completa la información
acerca del ulterior desenvolvimiento de esos seis Eones. Según él, separado el
Pensamiento de su progenitor y deduciendo de su identidad de Esencia con éste,
lo que había de conocer, engendró en el mundo intermedio (24) inferiores
jerarquías de ángeles, potestades, dominaciones y huestes de toda clase, las
cuales a su vez crearon, o mejor dicho, emanaron de su propia esencia nuestro
mundo con sus hombres y demás seres, de quienes vigilantemente cuidan.
De aquí se sigue que todo ser racional (llamado hombre en el
planeta Tierra) es de la misma esencia y posee potencialmente todos los
atributos de los Eones superiores, de los primordiales Siete. A él le compete
desenvolver en acto por imitación de
“la imagen del altísimo que ante sí tiene”, la Potencia de que está dotado su
primario Progenitor. Aquí podemos citar muy a propósito el pasaje siguiente:
Así, pues, según Simón, este glorioso e imperecedero
[principio] está oculto en todas las cosas, pero en potencia y no en acto. Este
principio es lo que “existió, existe y existirá”, es decir, lo que existió
arriba en no engendrada Potencia; lo que existe abajo en la corriente de las
aguas, engendrado en una imagen; lo que existirá arriba junto a la gloriosa e
infinita Potencia, cuando se identifique con esta imagen. Porque según dice
Simón hay tres Eones permanentes sin los cuales nada de lo engendrado en las
aguas a semejanza del progenitor sería, como es, un Eón celestial y perfecto,
en modo alguno inferior en pensar a la in engendrada Potencia. Así dicen los
simonianos: “Yo y tú [somos] uno; ante mí [estabas] tú; yo estoy después de
ti”. Según Simón, estas frases significan la Potencia una, dividida entre
arriba y abajo, que se engendra a sí misma y se nutre a sí misma, y a sí misma
se busca y se halla. Es su propio padre, madre, hermano, esposa, hija e hijo.
Es lo Único, porque es la Raíz de todos los seres y de todas las cosas (25).
De modo que, de este triple Eón, sabemos que el primero es
el increado Atman, el Poder que “existió, existe y existirá”; el segundo,
engendrado en las tenebrosas aguas del Espacio (26), de la imagen del primero
en ellas reflejada, moviéndose sobre ellas; el tercer Mundo (27) quedará dotado
con todos los poderes de esa eterna y omnipresente imagen si con ella se
identifica. Porque:
todo lo que es eterno,
puro e incorruptible está oculto en todas las cosas, pero potencial y no
actualmente.
Y además:
todas las cosas son esta
imagen, con tal que la imagen inferior (el hombre) ascienda en espíritu y
pensamiento a la originaria Fuente y raíz.
La Materia, en su
concepto de Substancia, es increada y eterna. Por esto, ni Simón el Mago, ni
los maestros gnósticos, ni los filósofos orientales, hablaron de su origen. La
“Materia Eterna” recibe sus varias formas en el Eón inferior por obra de los
ángeles Creadores, o Constructores, como nosotros los llamamos.
¿Por qué, pues, no podría
hacer lo mismo el hombre, directo heredero del supremo Eón, por el poder de su
pensamiento, nacido del espíritu? Esto es lo que se llama Kriyâshakti, o el
poder de producir formas en el plano objetivo, por la fuerza de la Idea y de la
Voluntad, de la Materia invisible e indestructible.
Verdaderamente dice Jeremías citando la “palabra del Señor”:
Antes de que te formases en el vientre te conocí; y antes de
que salieras de la matriz te santifiqué (28).
Porque Jeremías se refiere en este pasaje al hombre cuando
todavía era un Eón u Hombre Divino, lo mismo que dicen Simón el Mago y la
filosofía oriental. Los tres primeros
capítulos del Génesis son tan
esotéricos como cuanto expusimos en el apunte I. Porque, según dice Simón
(29), el paraíso terrenal es la matriz, y el Edén es la región circundante. El
río que procedente del Edén regaba el jardín, es el cordón umbilical, dividido
en cuatro partes, o sean las corrientes que de él fluían, los cuatro canales que
sirven para nutrir el feto, es decir, las dos arterias y las dos venas por
donde circula la sangre y proporcionan el aire respirable; pues como el feto
está enteramente envuelto en el amnios, se alimenta por medio del cordón
umbilical y recibe el aire (según Simón) por medio de la aorta (30).
Hemos dicho todo esto para dilucidar lo que vamos a exponer.
Los discípulos de Simón el Mago eran numerosos y aprendieron la magia de su
maestro. Empleaban “exorcismos” (como les llama el Nuevo Testamento), hechizos y filtros; creían en sueños y visiones,
que producían a voluntad; y finalmente, sometían a su obediencia a los
espíritus inferiores. A Simón el Mago le apellidaban “el Gran Poder de Dios”, o
literalmente, “la Potencia de la Deidad llamada Grande”. Lo que en su tiempo se
llamaba Magia es lo que ahora llamamos teosofía o Sabiduría, Poder y
Conocimiento divinos.
Menandro, discípulo directo de Simón, fue también un mago
insigne. Dice Ireneo, entre otros escritores:
el sucesor de Simón fue
el samaritano Menandro, que llegó al pináculo de la ciencia mágica.
Tenemos, pues, que tanto del maestro como del discípulo se
asegura que alcanzaron el mayor grado de poder en el arte de encantamientos,
cuyo logro atribuyen los cristianos a “la ayuda del demonio”; aunque sus
“obras” eran idénticas a las que el Nuevo
Testamento relata como milagrosas por divina virtud y se creen y aceptan
como viniendo de Dios y por Dios. Pero cabe preguntar si los llamados
“milagros” de “Cristo” y de los apóstoles han tenido alguna vez más acertada
explicación que las mágicas proezas de los llamados magos y hechiceros. Por mi
parte afirmo que nunca la tuvieron. Los ocultistas no creemos en fenómenos
sobrenaturales; y los Maestros se sonríen al oír la palabra milagro. Veamos,
pues, cuál es el verdadero significado de la palabra Magia.
La fuente y la base de la magia está en el Espíritu y en el
Pensamiento, ya en el plano puramente divino, ya en el plano terrestre. Los que
conocen la historia de Simón, pueden escoger entre las dos versiones, la de la
magia blanca y la de la magia negra, que se dan a su unión con Elena, llamada
por él su Epinoia (Pensamiento). Los que, como los cristianos, tenían interés
en desacreditar a su peligroso émulo, dijeron que Elena era una hermosa mujer
de carne y hueso a quien Simón había encontrado en un lupanar de Tiro, y que
según opinaban sus biógrafos, era la reencarnación de la Elena de Troya. ¿Cómo
podía, pues, ella ser el “Pensamiento Divino”?
En el Philosophumena se atribuye a Simón el Mago la afirmación de que en
los ángeles inferiores o terceros Eones había elementos de mal a causa de su
materialidad, y que el hombre, procedente de ellos, adolecía de este vicio de
origen. ¿Qué significaba esto? Que cuando los terceros Eones llegaron a poseer
a su vez el pensamiento divino por la recepción del Fuego, en vez de crear al
hombre como un ser completo, de conformidad con el plan del universo, no le
comunicaron desde un principio la Chispa Divina (el Pensamiento, o Manas
terrestre), y por ello el hombre insensato, es decir, desprovisto de mente,
cometió el pecado original como milenios antes lo cometieran los ángeles, al
negarse a procrear.
Finalmente, después de
retener los terceros Eones a Epinoia (el Pensamiento Divino), prisionera entre
ellos, y de infligirle toda clase de injurias y profanaciones, concluyeron por
encerrarla en el ya corrompido cuerpo del hombre. Después de esto, según
interpretan los enemigos de Simón, Epinoia pasó de uno a otro cuerpo femenino a
través de los siglos y de las generaciones, hasta que Simón la reconoció en el
cuerpo de la “prostituta” Elena, la “oveja descarriada” de la parábola. Pintan
a Simón como el Salvador bajado a la tierra para rescatar esta “oveja” y a los
hombres en quienes Epinoia está todavía bajo el dominio de los ángeles
inferiores.
De aquí que los mágicos hechos
de Simón se atribuyan al efecto de sus relaciones sexuales con Elena y se
consideren magia negra. Ciertamente, los principales ritos de esta clase de
magia se basan en la repugnante interpretación literal de mitos, tan nobles
como el ideado por Simón para simbolizar sus enseñanzas. Quienes lo comprendían
perfectamente supieron que “Elena” significaba el matrimonio de Nous
(Âtmâ-Buddhi) con Manas, la unión mediante la cual se identifican la Voluntad y
el Pensamiento y quedan dotados de divinos poderes.
Porque la pura esencia de
Âtman, el primordial, eterno y universal Fuego Divino que “existió, existe y
existirá”, pertenece a todos los planos. Buddhi es su vehículo o Pensamiento,
generado por el “Padre” a quien también genera, y a su vez a la Voluntad. Ha
existido, existe y existirá siempre, y en conjunción con Manas se convierte en
lo masculino-femenino tan sólo en esta esfera. De aquí que cuando Simón el Mago
afirma de sí mismo que es el Padre, el Hijo y el Espíritu, y dice que Elena es
su Epinoia o Pensamiento divino, simboliza con ello la unión de Buddhi con
Manas. Elena representaba la Shakti, o potencia femenina, del hombre interno.
Oigamos ahora a Menandro. Según él, los ángeles inferiores
eran las emanaciones de Ennoia (el Pensamiento Proyectante). Ennoia enseñó a
Menandro la ciencia mágica, junto con el arte de dominar a los ángeles
creadores del mundo inferior, o sean las pasiones de la naturaleza inferior.
Los discípulos de Menandro, una vez recibido el bautismo (la Iniciación) de
manos de su maestro, se decía adquirían la “inmortalidad”, a despecho de la
vejez, por “resurrección de entre los muertos” (31). Esta “resurrección”,
prometida por Menandro, significaba simplemente el paso de las tinieblas de la
ignorancia a las claridades de la luz, de la verdad, el despertamiento del
inmortal Espíritu del hombre a la interna e imperecedera vida. Tal es la
Ciencia de la Magia o Râja Yoga.
Cuantos conocen la filosofía neoplatónica, saben que sus
principales representantes, como Plotino y especialmente Porfirio, combatieron
la teurgia fenoménica. Pero Jámblico el autor de De Mysteriis, va más allá y explica el verdadero concepto de la
palabra teurgia, mostrándonos en ella la Divina Ciencia del Râja Yoga.
La Magia, según Jámblico, es una divina, excelsa y sublime
Ciencia, superior a toda otra.
Es eficaz medicina para todos... No tiene su fuente en el
cuerpo ni se limita a las pasiones del compuesto humano ni a su constitución;
sino que todo se deriva por ella de nuestros dioses superiores, de nuestros
divinos Egos, que como un hilo de plata se remontan desde nuestra chispa
interna al primordial Fuego divino (32).
Jámblico abomina de los fenómenos físicos que, según dice,
son producidos por malignos espíritus que engañan a los hombres (los fantasmas
mediumnimicos), al paso que enaltece vehementemente la Teurgia Divina, para
cuyo ejercicio es indispensable ser “hombre de alma casta y acendrada
moralidad”. La opuesta clase de magia es privativa de hombres impuros y
egoístas, y nada tiene de divina. Los falsos profetas no hallaron jamás en sus
comunicaciones nada que procediese de nuestros dioses superiores.
Así, la Magia Blanca o teurgia consiste en el
conocimiento de nuestro Padre (Yo superior), y la Magia Negra supone sujeción a
la naturaleza inferior.
La Teurgia requiere
santidad de alma que desecha y excluye toda cosa corporal; la Magia Negra es la
profanación del alma. La Teurgia es la unión con los dioses (con el propio Dios
interno), y fuente de todo bien; la Magia Negra es el comercio con el demonio
(Elementales), y si no les dominamos nos dominan hasta arrastrarnos poco a poco
a la ruina moral (mediumnidad).
En resumen:
La teurgia nos une
más fuertemente con la divina naturaleza. Esta naturaleza se engendra por sí
misma, actúa por medio de sus propios poderes, es inteligente, y lo mantiene
todo. Es el ornamento de Universo, y nos incita a la inteligible verdad, a la
perfección y a compartir la perfección con los demás. Tan íntimamente nos une a
todos los actos creadores de los dioses, en proporción a la capacidad de cada
cuál, que luego de cumplir los sagrados ritos se consolida el alma en sus
acciones e inteligencias [de los dioses], hasta que se identifica con ellas y
es absorbida por la primordial y divina esencia. Tal es el objeto de las
sagradas iniciaciones de los egipcios (33).
Después nos dice Jámblico cómo ha de realizarse la unión de
nuestro Yo superior con el Alma Universal, es decir, con los dioses. Al efecto,
habla él de Manteia, equivalente al
Samâdhi, o éxtasis supremo (34).
También habla del ensueño, que es visión divina cuando el hombre se transmuta
nuevamente en Dios. Por medio de la Teurgia o Râja Yoga, logra el hombre los
siguientes poderes:
1º Discernimiento profético mediante el Yo
superior, que le revela las verdades del plano en que actúa;
2º Éxtasis e iluminación;
3º Acción en espíritu (en cuerpo astral o por
medio de la voluntad);
4º Dominio sobre los demonios insensatos,
inferiores (Elementales), por la naturaleza misma de nuestros Egos purificados.
Todo esto requiere la purificación del ego; y así, según Jámblico, la Magia no
es ni más ni menos que la iniciación en la Teurgia.
Pero antes es preciso educar los sentidos y conocer el Yo
humano, en relación con el Divino Yo. Hasta que el hombre no domina
completamente este estudio, será incapaz
de antropomorfizar lo “amorfo”, entendiendo por esta palabra los dioses
superiores e inferiores, los seres mundanales y supramundanales, que los
principiantes sólo pueden vislumbrar en sonidos y colores. Porque tan sólo
los adeptos pueden ver a un “dios” en su verdadera y trascendental forma, de la
que el discípulo (Chela) únicamente percibe el aura. Las visiones de figuras
completas, ocasionalmente percibidas por los médiums y los sensitivos,
corresponden a cualquiera de las tres categorías siguientes, únicas que pueden
ver:
1º
Cuerpos astrales de hombres vivos;
2º Nirmânakâyas (35);
3º Fantasmas, Elementarios y
Elementales, revestidos de formas tomadas generalmente de la luz astral, o de
figuras que se hallan en el “ojo de la mente” de los circunstantes o del mismo
médium, y que se reflejan en sus respectivas auras.
Con lo dicho comprenderán ahora
mucho mejor los estudiantes la necesidad de conocer previamente las
correspondencias entre nuestros “principio” (o diversos aspectos del trino
hombre físico y espiritual), y nuestro paradigma, que es su raíz en el
Universo.
En vista de ello resumiremos nuestras enseñanzas sobre las
Jerarquías, directa y para siempre relacionadas con el hombre.
Bastante hemos dicho para
indicar que mientras para los orientalistas y el vulgo profano, la frase “Om Mani Padme Hum” significa: “¡Oh, la
Joya en el Loto!”, esotéricamente significa: “¡Oh, mi Dios en mí!”. En efecto;
hay un Dios en cada ser humano, pues el hombre fue y volverá a ser Dios. La
frase alude a la indisoluble unión entre el Hombre y el Universo; porque el
loto es el símbolo universal del Kosmos en su absoluta totalidad, y la Joya es
el Hombre Espiritual, o Dios.
En el precedente
apunte expusimos las correspondencias entre los colores, los sonidos y los
“principios”; y quienes hayan leído los tomos III y IV de esta obra, recordarán
que estos siete principios dimanan de las siete Jerarquías superiores de
ángeles, o Dhyâns Chohans, que a su vez están relacionadas con los colores y
sonidos, y constituyen colectivamente el Logos Manifestado.
En la eterna música
de las esferas, hallamos la perfecta escala correspondiente a los colores, y en
el número, determinado por las vibraciones del color y sonido, que “subyace en
todas las formas y guía todos los sonidos”, vemos el pináculo del Universo
Manifestado.
Podemos corroborar estas correspondencias por la relación
entre el color y sonido, y las figuras geométricas que expresan las progresivas
etapas de la manifestación del Kosmos (36).
Pero el estudiante quedará confuso si al estudiar los
diagramas no tiene en cuenta dos cosas:
1ª
Que como nuestro plano es de reflejo, y por lo tanto, ilusorio, las diversas notaciones están invertidas y deben
contarse de abajo arriba. La escala musical empieza por abajo, desde el do
grave hasta el si sobreagudo;
2ª
que Kâma Rûpa, que corresponde al
do de la escala musical, abarca todas las
potencialidades de la Materia, y es
necesariamente el punto de partida de nuestro plano. Además, por él empieza
la notación en todos los planos, en correspondencia con la “materia” de cada
uno de ellos. Por otra parte, el estudiante debe recordar también que estas
notas tienen que ser dispuestas en círculo, indicando que el fa es el tono
medio de la Naturaleza. En resumen: las notas musicales o los sonidos, colores
y números, proceden de uno a siete, y no de siete a uno, como erróneamente se
enseña, al contar el rojo en primer término del espectro.
Por esto fue preciso poner
arbitrariamente los principios y días de la semana en el diagrama II. La escala musical y los colores, con relación al
número de vibraciones, van del grosero mundo de la materia al mundo del
espíritu de la manera siguiente:
PRINCIPIOS COLORES NOTAS NÚMS. ESTADOS
DE MATERIA
Chhâyâ, Sombra o Doble Violado Si 7 Éter
Manas Superios,
Inteligencia
Estado crítico, llamado aire
Espiritual Añil La 6 en Ocultismo
Envoltura áurica Azul
Sol 5 Vapor
Manas Inferior, o Alma
animal Verde Fa 4 Estado crítico
Buddhi, o Alma espiritual Amarillo Mi 3
Agua
Prâna, o Principio Vital Anaranjado
Re 2 Estado crítico
Kâma Rûpa, sede de la
vida
Animal
Rojo Do 1
Hielo
De nuevo suplicamos al estudiante, por las razones
expuestas, que deseche de su mente toda otra correspondencia entre los “principios”
y los números. La numeración esotérica no puede corresponder con la
convencional exotérica. La primera es real; la segunda depende de apariencias
ilusorias. En el Buddhismo Esotérico
se clasificaron los principios semiveladamente, a fin de no confundir a los
estudiantes.
COLORES, SONIDOS Y FORMAS
Prosigamos:
El punto central del círculo es el Logos inmanifestado,
correspondiente a la vida absoluta y al sonido absoluto.
La primera figura geométrica, después del círculo o
esferoide, es el triángulo que corresponde al movimiento, color y sonido. El
punto del triángulo representa el segundo Logos, el “Padre-Madre” o el Rayo
Blanco incoloro, puesto que potencialmente contiene todos los colores. Se ve
que irradia del Logos Inmanifestado o Palabra Impronunciada. Alrededor, el
primer triángulo se forma sobre el plano de sustancia primordial (invertido respecto de nuestro plano):
A
El doble astral de la Naturaleza, o el paradigma
de todas las formas.
La Ideación Divina, o Mente Universal.
La Síntesis de la Naturaleza oculta, el Huevo de
Brahmâ que todo lo contiene y del que todo dimana.
El Alma material o animal de la Naturaleza, fuente
de la inteligencia e instinto de los animales y vegetales.
Fohat o el conjunto de las Inteligencias Dhyân
Chohánicas.
El Principio de Vida en la Naturaleza.
El Principio Procreador de la vida en la
Naturaleza. El principio que, en el plano espiritual, corresponde a la afinidad
sexual en el inferior.
Reflejado en el plano de la Naturaleza grosera,
queda invertido el Mundo de la Realidad y toma en el aspecto terreno de nuestro
plano:
B
El rojo es el color de la dualidad manifestada, o
del macho y hembra. En el hombre se manifiesta este color en su ínfima forma
animal.
El anaranjando es el color de las vestiduras de
los yoguis y sacerdotes buddhistas, el color del Sol y de la vitalidad
espiritual, así como también el del Principio Vital.
El amarillo oro es el color del Rayo Divino y
Espiritual en todo átomo. En el hombre es el color de Buddhi.
El verde y el rojo son, por decirlo así, colores
intercambiables, pues el verde absorbe al rojo, por ser sus vibraciones tres
veces más fuertes que las de este último. El verde es el color complementario
del extremo rojo. Por esta razón, el Manas inferior se indica corresponder al
verde, y el Kâma Rûpa al rojo.
El Plano Astral, o envoltura áurica de la
Naturaleza y del Hombre.
La Mente o elemento racional en la Naturaleza y en
el Hombre.
El más etéreo duplicado del cuerpo humano, el polo
opuesto, cuyos puntos de virbación y sensibilidad están en la misma relación
que el violado respecto del rojo.
Lo dicho está sobre el plano
manifestado; después del cual vienen los siete y el espectro manifestado, o sea
el hombre en la Tierra. Con este último sólo el Mago Negro tiene que ver.
En el Kosmos hay infinitas gradaciones y correlaciones de
colores y sonidos, y por lo tanto, hay infinitos números. Así lo presume la
misma Física, pues se sabe que hay vibraciones más lentas que las del rojo, y
más rápidas que las del violado, los dos extremos de la percepción visual
humana. Sin embargo, en el mundo físico es limitada la escala de vibraciones.
Nuestros sentidos físicos no alcanzan ni más ni menos que las gradaciones
septenarias de los colores del prisma, porque, aparte de éstas, no hay ninguna
capaz de producirnos sensación de color o sonido. Siempre nos afectará el
septenario graduado y no más, a no ser que aprendamos a paralizar nuestro
cuaternario y discernir las vibraciones tanto superiores como inferiores
mediante nuestros espirituales sentidos, residentes en el triángulo superior.
En este plano de ilusión, hay tres colores fundamentales,
según demuestran las ciencias físicas: rojo, azul y amarillo (o más bien,
anaranjado-amarillo), que corresponden a los siguientes principios humanos:
1º Kâma Rûpa, sede de las sensaciones
animales, apegado al alma animal y vehículo de esta alma o manas inferior (38).
2º
Envoltura áurica o esencia del hombre;
3º
Prâna o Principio de la vida. Pero si de los dominios de la ilusión, del
reino del hombre, tal como vive en la Tierra sujeto sólo a sus percepciones
sensorias, pasamos a la esfera de semiilusión, y observamos los colores
naturales, o sean los correspondientes a los principios, es decir, los colores
que en el hombre perfecto absorben a todos los demás, advertimos que los
colores se corresponden complementariamente como sigue:
Violado
1º Rojo
.................................................... Verde.
2º Anaranjado
......................................... Azul.
3º Amarillo
............................................... Añil.
Violado
El hombre astral es una neblina de color violado pálido,
dentro de un círculo azulado ovoide, sobre el cual radian en incesantes vibraciones
los colores del espectro, predominando el color correspondiente al principio
más activo de cada personalidad en el momento de la observación del
clarividente. Así aparece el hombre en estado de vigilia; y del predominio de
uno u otro color y de la intensidad de sus vibraciones, puede inferir el
clarividente, si es conocedor de las
correspondencias, el estado íntimo o el carácter de una persona, que de este
modo resulta un libro abierto para los ocultistas prácticos.
En estado de éxtasis, el aura cambia completamente y ya no
se distinguen en ella los siete colores del espectro. Durante el sueño tampoco
se observa la “presencia” de todos los colores, y poco o nada se distinguen los
correspondientes a los elementos espirituales del hombre, o sean: amarillo =
Buddhi; añil = Manas Superior; azul = Envoltura áurica. El hombre espiritual
queda libre durante el sueño (aunque su memoria física no pueda recordarlo en
vigilia) y vive, revestido de su esencia suprema, en reinos de otros planos, en
las regiones de lo real, que llamaos sueño en nuestro plano de ilusión.
Por otra parte, un clarividente experto que tuviera ocasión
de observar a la par un yogui en éxtasis y un sujeto hipnotizado, aprendería
una provechosa lección de ocultismo, al advertir la diferencia entre el éxtasis
determinado por voluntad propia, y el estado hipnótico resultante de extrañas
influencias. En el yogui desaparecen enteramente los “principios” del
cuaternario inferior y no se ven los colores rojo, verde, rojo-violado ni el
áurico azul, pues apenas se notan vibraciones del dorado matiz de Prâna, y una
llama violada estriada de oro, que parece arder en el punto correspondiente al
tercer ojo, elevándose sobre la cabeza y culminando en un punto.
Si el estudiante recuerda que el
verdadero violado, o extremo del espectro, es un color homogéneo (y no una
mezcla de rojo y azul), con vibraciones siete veces más rápidas que las del
rojo (39); y que el matiz dorado es la esencia de los tres matices amarillos
(anaranjado-rojo, amarillo-anaranjado y amarillo), comprenderá que el yogui
vive en su cuerpo áurico, convertido en vehículo de Buddhi-Manas. Por el
contrario, en un sujeto artificiosamente hipnotizado, por efecto de magia negra
consciente o inconsciente (a menos que lo produzca un elevado adepto), se
observarán todos los principios: el Manas superior, paralizado; el Buddhi,
rigurosamente apartado del Manas a causa de esta parálisis; y el rojo-violado
cuerpo astral, eternamente sometido al verde Manas inferior y al rojo Kâma Rûpa
(los dos monstruos animales que en el hombre anidan).
Longitud
de las ondas Número de vibraciones
COLORES en
milímetros en trillones
Violado extremo ......................................... 406 759
Violado
....................................................... 423 709
Violado añil
................................................ 439 683
Añil ............................................................. 449 668
Añil-azul
..................................................... 459 654
Azul
............................................................ 479 631
Azul-verde .................................................. 492 610
Verde
.......................................................... 512 586
Verde-amarillo ........................................... 532 564
Amarillo ..................................................... 551 544
Amarillo-anaranjado .................................. 571 525
Anaranjado ................................................ 583 514
Anaranjado-rojo ........................................ 596 503
Rojo ........................................................... 620 484
Rojo-extremo ............................................ 645 465
Quien comprenda bien las anteriores explicaciones, verá
fácilmente cuán necesario le es al estudiante (ya se esfuerce en actualizar sus
ocultos poderes, ya pretenda tan sólo los psíquicos y espirituales dones de
conocimiento metafísico y clarividencia) dominar por completo las
correspondencias entre los principios humanos y los del Kosmos. Por ignorancia
niega la ciencia materialista la existencia del hombre interno y de sus divinos
poderes. Por conocimiento y personal experiencia afirman los ocultistas que
esos poderes son tan naturales al hombre, como el nadar a los peces. Los
científicos materialistas hacen como un Lapón que con toda sinceridad negase
que las cuerdas de un violín, flojamente puestas sobre la caja, puedan producir
sonidos agradables o melódicos.
Verdaderamente, los principios humanos son las siete cuerdas de la lira
de Apolo. En nuestra época, en
que el olvido ha ocultado los conocimientos antiguos, las facultades del hombre
son como las cuerdas flojas del violín del Lapón a que nos referíamos. Pero el
ocultista que sepa templarlas y poner su violín a tono con las vibraciones
luminosas y acústicas, arrancará de ellas divinas armonías. La combinación de
estas facultades y la afinación entre el Microcosmos y el Macrocosmos, darán la
geométrica equivalencia de la invocación: “Om
Mani Padme Hum”.
Por esta razón exigía la escuela pitagórica el previo conocimiento
de la música y la geometría.
LAS RAÍCES DEL COLOR Y
DEL SONIDO
Además de lo dicho, cada uno de los siete Rayos
Primordiales, que constituyen el Logos Manifestado, es a su vez séptuple. Así
como los siete colores del espectro solar corresponden a los siete Rayos, o
Jerarquías, de la propia manera cada Rayo o Jerarquía tienen también siete
divisiones, correspondientes a la misma serie de colores. Pero en este caso, el
color peculiar de la Jerarquía particular predomina en intensidad sobre el
conjunto de los demás.
Tan sólo pueden simbolizarse estas Jerarquías como círculos
concéntricos de colores espectrales. Cada Jerarquía puede ser representada por
una serie de siete círculos concéntricos, en que cada círculo representa un
color espectral por el orden de la escala cromática. Pero en cada una de estas
“ruedas” habrá un círculo cuyo color es más brillante e intenso que el de los
otros seis; y la rueda tendrá, por lo tanto, un aura (una franja, como dicen
los físicos) de este color, predominante y característico de la Jerarquía.
Cada una de estas Jerarquías
proporciona la esencia (el Alma); y es la “Constructora” de uno de los siete
reinos de la Naturaleza: tres elementales, mineral, vegetal, animal y el del
hombre espiritual (40). Además, cada Jerarquía proporciona el aura de uno de
los siete principios humanos, con su color peculiar. Por otra parte, como cada
una de ellas gobierna en uno de los planetas sagrados, se comprenderá
fácilmente el origen de la Astrología que, cuando merece este nombre, tiene
fundamento estrictamente científico.
La escuela oriental representa las Siete Jerarquías o
Potestades creadoras, por una rueda de siete círculos concéntricos, cuyos
respectivos colores son los siete del espectro. Llamadles Arcángeles, si
queréis; o Espíritus planetarios, o Regentes de los siete planetas sagrados,
como lo hacemos nosotros. En todo caso, los círculos concéntricos simbolizan a
las ruedas de Ezequiel, según algunos ocultistas y cabalistas occidentales, y a
los “Constructores”, o Prajâpatis, según nosotros.
LAS SIETE JERARQUÍAS Y
SUS SUBDIVISIONES

violado
anil
azul
violado Verde
amarillo
Linga Sharîra anaranjado
rojo
------------------
----------------
violado
anil
Azul
anil Verde
amarillo
Manas Superior anaranjado
rojo
--------------------
PRIN
-----------------
violado
anil
azul
azul verde
amarillo
Huevo Áurico anaranjado
rojo
-------------------
CIPIOS
------------------
violado
anil
azul
VERDE VERDE
Amarillo
Anaranjado
Manas Inferior Rojo
-------------------
HUMA ---------------
Violado
Añil
Azul
AMARILLO Verde
AMARILLO
Buddhi Anaranjado
Rojo
----------------- NOS -----------------
Violado
Añil
Azul
ANARANJADO Verde
Amarillo
Prâna ANARANJADO
Rojo
--------------------- ----------------------
Violado
Añil
Azul
ROJO Verde
Amarillo
Kâma
Rûpa Anaranjado
ROJO
---------------- ---------------
El
estudiante debe examinar con mucho cuidado este diagrama.
El Linga Sharîra deriva del subrayo violado de la Jerarquía
violada; el Manas Superior deriva del subrayo añil de la Jerarquía añil, y así
sucesivamente. Cada hombre nace bajo la influencia de determinado planeta, y por
lo tanto, predomina en su constitución el color peculiar de dicho planeta, y
sobresale el “principio” que tiene su origen en la Jerarquía del mismo color.
También habrá en su aura colores derivados de los demás planetas; pero el del
planeta regente será el más fuerte.
Ahora bien; un hombre en quien,
por ejemplo, predomine el principio correspondiente al planeta Mercurio, podrá
dominar a otro hombre nacido bajo otro planeta si actúa sobre el principio
mercúrico de este otro hombre; porque el débil elemento mercúrico de éste
quedará vencido por el más vigoroso elemento mercúrico del dominador, quien, en
cambio, tendrá escaso influjo sobre los hombres nacidos también bajo el mismo
planeta. Ésta es la clave de las ciencias ocultas del magnetismo e hipnotismo.
El estudiante notará que designamos a las Jerarquías por sus
correspondientes colores; y lo hacemos de propósito para no designarlas
numéricamente, y evitar su confusión con los números de los principios humanos,
que no tienen números que les pertenezcan. Todavía no es lícito revelar los
verdaderos nombres de estas Jerarquías.
Sin embargo, ha de recordar el estudiante que los colores
que percibe la vista física, no son los verdaderos y ocultos colores de la
Naturaleza, sino simplemente los efectos producidos en el mecanismo visual, por
determinadas gradaciones vibratorias. Por ejemplo, Clerk Maxwell ha demostrado
que los efectos visuales de un color pueden imitarse mediante apropiadas
combinaciones de otros tres colores. Se infiere, por lo tanto, que nuestra
retina tiene únicamente tres sensaciones distintas de color, y en consecuencia,
nuestro organismo físico no puede percibir los siete colores realmente
existentes, sino las que pudiéramos llamar sus “imitaciones”.
Por ejemplo, anaranjado-rojo del primer “triángulo” no es
una combinación de anaranjado y rojo, sino el verdadero rojo “espiritual”, si
se nos permite el calificativo; mientras que el rojo (color de sangre) del
espectro, es el color de Kâma o el deseo animal, inseparable del plano físico.
LA UNIDAD DE LA DEIDAD
El puro y simple esoterismo no habla de un Dios personal; y
por esto se nos tilda de ateos. Pero en realidad, la Filosofía oculta se basa
en la ubicua presencia de Dios, de la Divinidad Absoluta; y aunque sobre lo
Absoluto no especulamos, por ser sagrado e incomprensible a la inteligencia
finita, toda la Filosofía esotérica se funda, sin embargo, en los poderes de la
Divinidad como Fuente de cuanto vive, alienta y existe. Las religiones antiguas
demostraban lo UNO por medio de lo vario.
En Egipto, India, Caldea, Fenicia, y finalmente en Grecia, las ideas
acerca de la Deidad se expresaban por múltiplos de tres, cinco y siete; y
además, por ocho, nueve y doce dioses mayores, que simbolizaban los poderes y
atributos de la única y sola Divinidad.
Esto se
relacionaba con esa infinita subdivisión por números irregulares y especiales a
que sometían a su Divinidad única, los metafísicos de aquellos pueblos. De esta
manera constituido, el ciclo de los dioses tenían todas las cualidades y
atributos de lo ÚNICO SUPREMO E INCOGNOSCIBLE; porque en este conjunto de
divinas personalidades, o más bien de símbolos personificados, mora el Dios
ÚNICO, el DIOS UNO, el Dios de quien dicen los indos que no tiene segundo.
¡Oh Dios Ani! [Sol espiritual], Tú resides en la
aglomeración de tus divinas personificaciones (41).
Estas palabras indican que los antiguos creían que toda
manifestación procede de la misma única Fuente, que todo emana del idéntico
Principio que sólo puede desenvolverse completamente en los colectivos
agregados de sus emanaciones.
El pleroma de Valentino es equivalente al espacio de la
Filosofía oculta; porque pleroma significa “plenitud”, las regiones superiores.
Es la suma total de las divinas manifestaciones y emanaciones, que denotan la plenitud o totalidad de los rayos
procedentes del UNO que se diferencian en todos los planos y se transforman en
potestades divinas, llamadas ángeles y espíritus planetarios por los filósofos
de todas las naciones. Los Eones y Potestades del pleroma de los gnósticos,
equivalen a los Devas y Siddhas de los Purânas.
La Epinoia, la primera manifestación femenina de Dios, el “Principio”, de Simón
el Mago y Saturnino, ofrece los mismos caracteres que el Logos de Basílides; y
ambos se remontan a la esotérica Alêtheia, la VERDAD de los Misterios. Todos
estos conceptos entonan, en diferentes épocas y en distintos idiomas, el
sublime canto de los papiros egipcios de miles de años atrás, según se nos
enseña:
Los dioses te saludan y te adoran, ¡oh inescrutable y única
Verdad!
Y dirigiéndose a Ra, añaden:
Los dioses se prosternan ante tu majestad, loan las almas de
los que los engendraron... y te dicen: Paz a todas las emanaciones del Padre
inconsciente de los conscientes padres de los dioses... Tú engendras los seres.
Nosotros adoramos las almas que emanan de Ti. ¡Oh Desconocido! Tú nos
engendraste, y así Te loamos adorando a las almas-dioses que de Ti descienden y
en nosotros viven.
Por esto se dijo:
“No sabéis que sois templo de Dios y que el espíritu de Dios
mora en vosotros” (42).
Esto es señalado en el artículo “Orígenes del ritualismo en la Iglesia y la Masonería”, de la revista Lucifer, de Marzo de 1889. Ciertamente, si se dijo hace diecisiete siglos: “El hombre no puede poseer la Verdad (Alêtheia), si no es partícipe de la Gnosis”, cabe decir ahora: El hombre no puede conocer la Verdad si no estudia los secretos del pleroma del Ocultismo. Estos secretos se encierran todos en la Teogonía de la antigua Religión de Sabiduría, que es la Alêtheia de la Ciencia Oculta.
SIGUE